(3) Y yo: “Jesús mío, ellos tienen razón, dicen que no ven ningún hecho, ningún bien
positivo, todas son palabras; y yo, no que quiera algo, lo que quiero es que haga como quieres
Tú mismo, que haga tu Santísima Voluntad, y que lo que pasa entre Tú y yo quede en el
secreto de nuestros corazones”.
(4) Y Jesús: “¡Ah! hija mía, ¿te habría gustado que mi Redención la hubiera obrado en el
secreto de mi Padre Celestial y de mi querida Mamá que debía concebirme? Y además, ¿que
ningún otro hubiera sabido que Yo había descendido a la tierra? Un bien, por cuan grande
sea, si no es conocido no produce vida, no se multiplica, no es amado ni imitado. Así que mi
Redención habría quedado sin efecto por parte de las criaturas; hija mía, déjalos decir y
hazme hacer, no te preocupes y haz todo lo que Yo hice estando en la tierra, tanto interior
como exterior, y que no se conoce aún ni ha recibido su pleno y deseado fruto, especialmente
mi Vida oculta; las criaturas casi nada conocieron de todo el bien que hice, sin embargo sirvió
admirable y prodigiosamente ante mi Padre Divino, para preparar y hacer madurar el fruto de
la Redención, pero aparentemente Yo vivía junto a las criaturas ignorado, pobre, abyecto y
despreciado, pero esto decía nada, ante mi Padre Yo era lo que era, y mi obrar interno abría
entre el Cielo y la tierra mares de luz, de gracias, de paz y de perdón. Mi interés era el de abrir
el Cielo para bien de la tierra, cerrado desde hacía tantos siglos, y que mi Padre mirara con
amor a las criaturas; el resto, hecho esto, vendría por sí mismo. Así que esto no fue
solamente un gran bien, sino fue el todo, fue la levadura, el preparativo, el fundamento de la
Redención. Así es de ti, es necesario que ponga la levadura de mi Querer, que forme los
preparativos, que ponga los fundamentos, que entre tú y Yo haya sumo acuerdo, entre mis
actos internos y los tuyos, para abrir el Cielo a nuevas gracias, a nuevas corrientes y disponer
a la Majestad Suprema a conceder la gracia más grande: ‘Que su Voluntad sea conocida en
la tierra y que viva en medio de las criaturas con su pleno dominio, como vive en el Cielo.’ Y
mientras tú te ocupas en esto, ¿crees que la tierra no reciba ningún bien? ¡Ah, te equivocas!
Las generaciones corren vertiginosamente por una pendiente en el mal; ¿quién las sostiene?
¿Quién impide que queden sumergidas en su carrera vertiginosa hasta desaparecer de la faz
de la tierra? Recuerda que no hace mucho el mar rompió sus límites bajo la tierra
amenazando de tragar países enteros, y tu mismo país estaba en gran peligro; ¿quién detuvo
ese flagelo? ¿Quién hizo detener y encerrar las aguas en sus límites? Es precisamente éste
el gran flagelo que se prepara a la horrible carrera vertiginosa de las criaturas, la misma
naturaleza está cansada de tantos males y quisiera reivindicar los derechos de su Creador, por
eso todas las cosas naturales quisieran ponerse contra el hombre; el mar, el fuego, el viento,
la tierra, están por salir de sus confines para dañar y golpear a las generaciones para
diezmarlas. ¿Y te parece poco que mientras la raza humana está sumergida en males
irremediables, Yo te llame a ti y elevándote entre el Cielo y la tierra, y fundiéndote con mis
mismos actos te haga correr en mi Voluntad para preparar el acto opuesto a los tantos males
que anegan la tierra, preparando el bien, buscando vencer al hombre con mi amor, para
detenerlo en su vertiginosa carrera, dándoles la cosa más grande, cual es la luz de mi
Voluntad, a fin de que conociéndola la tome como alimento para restaurar sus fuerzas
perdidas, y así, reforzado se detenga en su loca carrera y readquiera el paso firme para no
precipitarse más en los males?”
(5) Entonces mi Jesús ha desaparecido, y yo he quedado más amargada al pensar en la
horrible carrera de las criaturas y en el trastorno que la naturaleza hará contra ellas. Entonces,
regresando a la oración, mi Jesús ha regresado en forma que daba compasión, me parecía
inquieto, gemía, se dolía, se extendía en mí, se volteaba ora a la derecha, ora a la izquierda, y
yo le preguntaba: “Jesús, amor mío, ¿qué tienes? ¡Ah! Tú sufres mucho, dividamos juntos las
penas, no quieras estar solo, ¿no ves cuánto sufres y cómo no puedes más?”
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