virtud de nuestra Voluntad, todo vertemos en ella, ni siquiera una fibra le dejamos que no esté
llena de lo nuestro; la llenamos tanto, hasta hacerla desbordar fuera, formar ríos y mares divinos
en torno a ella, y en estos mares Nosotros descendemos a divertirnos y vemos con amor
nuestras obras, sintiéndonos del todo glorificados. Por eso hija mía, vive en la luz purísima de
mi Voluntad, si quieres que tu Jesús repita de nuevo aquellas palabras que dijo al crear al
hombre: En virtud de nuestra Voluntad, hagamos a esta alma a nuestra Imagen y Semejanza”.
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16-55
Marzo 19, 1924
El Querer Divino es pasaporte para entrar en todo, en las
fibras más íntimas, y con su virtud multiplica la Vida de Jesús.
(1) Me estaba fundiendo en el mar inmenso del Querer Divino, y mi dulce Jesús ha salido de
dentro de mi interior en acto de bendecirme, y después de haberme bendecido me ha rodeado
el cuello con sus brazos y me ha dicho:
(2) “Hija mía, bendigo tu corazón, tus latidos, tus afectos, tus palabras, tus pensamientos y
hasta tu más pequeño movimiento, a fin de que todos, con mi bendición queden investidos de
una virtud divina, de manera que entrando en mi Querer lleven con ellos, en virtud de mi
bendición, esta virtud divina y tengan el poder de difundirse en todos, darse a todos,
multiplicarme por cada uno para darme el amor, la gloria, como si todos tuvieran mi Vida en
ellos, por eso entra en mi Querer, penetra entre el Cielo y la tierra, gira por todos. Mi Querer es
luz purísima y esta luz contiene la omnividencia, el pasaporte para poder penetrar en los más
íntimos escondites, en las fibras más secretas, en el abismo de las profundidades y en el espacio
de las alturas más altas. Este pasaporte no tiene necesidad de firma para ser válido, sino que
contiene en sí mismo este poder, porque siendo luz que desciende de lo alto ninguno le puede
impedir el paso ni la entrada, y además es rey de todo y tiene el dominio en todas partes. Por
eso pon en giro en mi Voluntad tus pensamientos, tus palabras, tus latidos, tus penas, todo tu
ser, no dejes nada en ti misma a fin de que con el pasaporte de la luz de mi Voluntad y con mi
virtud divina, entres en cada acto de criatura y multipliques mi Vida en cada una de ellas. ¡Oh,
cómo estaré contento al ver que la criatura, en virtud de mi Voluntad llena Cielo y tierra de tantas
Vidas mías por cuantas criaturas existen!”
(3) Entonces yo me he abandonado en el Querer Supremo, y girando en Él hacía correr mis
pensamientos, mis palabras, mis reparaciones, etc., en cada inteligencia creada y en todo lo
demás del obrar humano, y conforme hacía mis actos quedaba formado Jesús, ¡cómo era bello
y encantador ver tantos Jesús por doquiera que pasaba el pasaporte de la luz de la eterna
Voluntad! Después me he encontrado en mí misma y he encontrado a Jesús que estaba
agarrado a mi cuello, y estrechándome toda me parecía que hacía fiesta, como si yo fuera la
causa de multiplicar su Vida para darle el honor y la gloria de otras tantas Vidas Divinas.
Entonces le he dicho:
(4) “Amor mío, no me parece cierto que yo pueda multiplicar tu Vida para darte el gran honor
de tantas Vidas Divinas, además Tú te encuentras por todas partes, por tanto es en virtud de Ti
mismo que surge a cada acto esta Vida, no en virtud mía, yo quedo siempre la pequeña niña
que no es buena para nada”.
(5) Y Jesús: “Hija mía, todo lo que tú dices es verdad, Yo me encuentro por todas partes,
pero es mi potencia, inmensidad y omnividencia lo que me hace encontrar, no es el amor y el
obrar de la criatura en mi Voluntad lo que me hace encontrar y me multiplica; en cambio cuando