un pensamiento doloroso, por una fibra del corazón que oculte y que no vierta en la persona
amada, se siente como dividido de ella, descontento, inquieto, y hasta en tanto que no vierte en
quien ama todo su corazón, no le es dado encontrar reposo. Así que venir y no verter en ti todo
mi corazón, mis penas, mis alegrías y la ingratitud de los hombres, me sería demasiado duro,
preferiría mejor estarme como escondido en el fondo de tu alma, antes que venir y no hacerte
participar de mis penas y de mis más íntimos secretos. Por eso me contentaré de sufrir al verte
sufrir antes que no verter en ti todo mi corazón”.
(5) Y yo: “Jesús mío, perdóname, he dicho esto porque Tú has dicho que sufrías al verme
penar, pero jamás sea que haya alguna cosa que nos deje divididos en el amor; acepto cualquier
pena, pero divididos jamás”.
(6) Y Jesús ha agregado: “No temas hija mía, donde está mi Voluntad no puede haber
separación en el amor, en efecto, Yo no te he hecho nada, ha sido la luz de mi Voluntad la que
te ha hecho sufrir, Ella, penetrando en ti como luz purísima, te llevaba mis penas hasta en las
más íntimas fibras de tu corazón, mi Voluntad es más penetrante que cualquier lanza, que
cualquier clavo, espina o flagelo; Ella, cual luz purísima, en su inmensidad ve y recoge todo, por
lo tanto contiene la potencia de todos los dolores, y conforme hace penetrar su luz en el alma,
lleva las penas que quiere. Entonces, tu voluntad y la mía, siendo una sola, la corriente de su
luz te llevaba mis penas; así obraba mi Voluntad Divina en mi Humanidad, su luz purísima me
llevaba penas a cada respiro, a cada latido, a cada movimiento, en toda mi persona; a Ella nada
le era oculto, ni de lo que se necesitaba para reintegrar la gloria del Padre por parte de las
criaturas, ni las ofensas de éstas, ni lo que se necesitaba para ponerlas a salvo, por tanto nada
me evitaba, su luz purísima me crucificaba las más íntimas fibras, mis latidos de fuego, así que
me volvía el continuo crucificado, no sólo las manos y los pies, sino que su luz, encuadrándome
todo me crucificaba las más pequeñas partículas de mi Persona. ¡Ah! si supieran las criaturas
lo que hizo sufrir mi Voluntad Divina a mi Humanidad por amor de ellas, como por un potente
imán quedarían llevadas a amarme, pero por ahora no pueden, porque tienen el gusto tosco y
profanado por la voluntad humana, y no gustarían los dulces frutos de las penas de la Voluntad
Divina, mucho más pues viviendo en lo bajo de la voluntad humana no comprenderían la altura,
la potencia, la actitud, los bienes que contiene la Voluntad Divina. Pero llegará el tiempo cuando
la Voluntad Suprema, haciéndose camino en medio de las criaturas y haciéndose comprender
más, manifestará las penas que mi Voluntad eterna hizo sufrir a mi Humanidad. Por eso, cuando
la luz de mi Voluntad corre en ti, déjate encuadrar por Ella, a fin de que cumpla en ti su perfecto
y pleno trabajo, y si no me ves frecuentemente, no te aflijas, son los eventos nuevos que se
preparan y cosas imprevistas para el pobre mundo, pero la luz de mi Voluntad no te faltará
jamás”.
(7) Después de esto mi amable Jesús ha desaparecido y yo me sentía como sumergida en su
Voluntad. Mi pobre pequeñez me la sentía al contacto de la grandeza, altura e inmensidad
divina; mi miseria, al toque de las riquezas divinas; mi fealdad tocaba la belleza eterna, así que
en su Voluntad yo vivía de los reflejos de Dios, y mientras yo recibía todo de Él, encontraba todo
y llevaba toda la Creación como en mi regazo a los pies de la Eterna Majestad. Me parecía que
en su Voluntad yo no hacía otra cosa que subir al Cielo y descender a la tierra, para subir de
nuevo y llevar todas las generaciones para amarlo por todos y hacerlo amar por todos. Entonces
mientras esto hacía, mi Jesús se ha hecho ver de nuevo y me ha dicho:
(8) “Hija mía, cómo es bello y deleitable ver a la criatura vivir en nuestro Querer; vive a
nuestros reflejos, y mientras vive de nuestros reflejos absorbe en sí la semejanza de su Creador,
así que se embellece, se enriquece, se engrandece tanto, de poder tomar a todos y traernos
todo, y toma de Nosotros tanto amor de podernos amar por todos, y Nosotros encontramos todo
en ella, todo nuestro amor puesto fuera en la Creación, toda nuestra satisfacción, nuestro
contento y la correspondencia de nuestras obras. Es tal y tanto nuestro amor hacia el alma que
vive en nuestro Querer, que lo que Nosotros somos por naturaleza, el alma lo llega a ser en
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