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Marzo 2, 1924
Las almas que hacen la Voluntad de Dios harán el giro
en su luz y serán como las primeras creadas por Dios.
(1) Estaba pensando cómo podía suceder que mi dulce Jesús, conforme pensaba, hablaba,
obraba, etc., extendía sus pensamientos en cada pensamiento de criatura, en cada palabra y
obra. Y mi amado Jesús, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, no hay nada de qué maravillarse, en Mí estaba la Divinidad con la luz
interminable de su Voluntad Eterna; en esta luz Yo descubría en modo facilísimo cada
pensamiento, palabra, latido y acto de las criaturas, y conforme Yo pensaba, la luz que Yo
contenía llevaba mi pensamiento a cada pensamiento de las criaturas, y así mi palabra y todo
lo demás que Yo hacía y sufría. Mira, también el sol posee esta virtud, su luz es una y sin
embargo ¿cuántos no quedan inundados por esa luz? Si se pudiese ver todo el interior del
hombre, pensamientos, latidos, afectos, como el sol con su luz invade a cada uno, así haría
correr su luz en cada pensamiento, latido, etc. Ahora, si esto lo puede hacer la luz del sol, sin
que él descienda de lo alto para dar a cada uno su calor y su luz, y sin embargo no es otra cosa
que la sombra de mi luz, mucho más lo puedo hacer Yo que contengo luz inmensa e
interminable. Además, mi Voluntad Divina que contiene esta virtud, en cuanto el alma entra en
mi Querer abre la corriente de la luz que mi Voluntad contiene, y mi luz invadiendo a todos, lleva
a cada uno el pensamiento, la palabra, el acto que ha entrado en la corriente de su luz. Por esto
no hay cosa más sublime, más grande, más divina, más santa, que el vivir en mi Querer; las
generaciones de sus actos son incalculables, así que el alma cuando no está unida con mi
Voluntad ni entra en Ella, no hace su recorrido ni abre la corriente de su luz interminable, por
tanto todo lo que hace queda personal e individual; su bien, su oración es como una pequeña
luz que se enciende en una habitación, que no tiene virtud de dar luz a todos los rincones de la
casa, mucho menos puede dar luz al exterior, y si falta el aceite, esto es la continuidad de sus
actos, la pequeña luz se apaga y queda a oscuras”.
(3) Después me estaba fundiendo en el eterno Divino Querer, poniéndome delante de todos
para poder llevar a la Divina Majestad, como la primera de todos, todos los actos de las criaturas,
la correspondencia de todo, el amor de ellas. Pero mientras esto hacía pensaba para mí:
“¿Cómo puede ser que yo pueda ir delante de todos si he nacido después de tantas
generaciones? A lo más debería ponerme en medio, entre las pasadas y las futuras
generaciones que vendrán; es más, por mi indignidad debería ponerme al último y detrás de
todos”. Y mi amable Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(4) “Hija mía, toda la Creación fue creada para que todos hicieran mi Voluntad. La vida de las
criaturas debía correr en mi Querer como corre la sangre en las venas, debían vivir en Él como
verdaderos hijos míos, nada debía serles extraño de todo lo que a Mí pertenece, Yo debía ser
su tierno y amante Padre, y ellos debían ser mis tiernos y amorosos hijos. Ahora, como la
finalidad de la Creación fue ésta, a pesar de que otras generaciones hayan sido antes, lo cual
dice nada, serán puestas después, y mi Voluntad pondrá primero a aquellos que serán y que
han sido fieles en mantener íntegra la finalidad para la que fueron creados; éstos, hayan venido
antes o después, ocuparán el primer orden ante la Divinidad. Con haber mantenido la finalidad
de la Creación, serán distintos entre todos y señalados como refulgentes gemas con la aureola
de nuestra Voluntad, y todos les dejarán el paso libre para que ocupen su primer puesto de
honor. No hay de qué maravillarse, también en este bajo mundo sucede así: Imagina un rey en
medio de su corte, de sus ministros, diputados, ejércitos, pero llega su hijo, el pequeño príncipe,
y a pesar de que todos los demás sean grandes, ¿quién no le da paso libre al pequeño príncipe