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Junio 6, 1923
La señal de que el alma es toda de Dios, es si
no siente gusto por nada de lo que existe.
(1) Estaba pensativa acerca de por qué mi dulce Jesús no venía y decía entre mí: “¿Quién
sabe qué habrá de mal en mi interior, que Jesús para no desagradarse se oculta?” Y Él
moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) "Hija mía, la señal de que no hay nada de mal y que el interior del alma está todo lleno de
Dios, es que nada le haya quedado que no sea todo mío, y que en todo lo que pueda suceder
dentro y fuera de ella, no siente más gusto de nada, sino que su gusto es sólo por Mí y de Mí, y
no sólo de las cosas profanas o indiferentes, sino aun de cosas santas, de personas piadosas,
de funciones, de músicas, etc., todo para ella es frío, indiferente, y como cosas que no le
pertenecen, y la razón es natural, si el alma está toda llena de Mí, entonces está llena también
de mis gustos, el gusto mío es el suyo, los demás gustos no encuentran lugar donde ponerse,
por eso por cuán bellos puedan ser, para el alma no tienen ningún atractivo, más bien para ella
están como muertos. En cambio el alma que no es toda mía, está vacía, y a medida que las
cosas la circundan, así siente en ella tantos gustos si son cosas que le agradan; si son cosas
que no le agradan, siente disgusto, así que está en continua alternancia de gustos y de
disgustos, y como el gusto que no ha salido de Mí no es duradero, muchas veces los gustos se
convierten en disgustos, y por eso se notan tantas variaciones de carácter, ahora demasiado
triste, ahora demasiado alegre, ahora todo iracundo, en otra ocasión todo afable, es el vacío que
tiene de Mí en el alma lo que le da tantas variaciones de carácter, nada semejante al mío, que
soy siempre igual y jamás me cambio. Ahora, ¿sientes tú algún gusto de lo que existe acá
abajo? ¿Por qué temes que haya algún mal en ti, por el cual Yo desagradado me oculte? Donde
estoy Yo, males no puede haber".
(3) Y yo: "Amor mío, yo no siento tomar gusto de ninguna cosa, por cuan buena fuera, y
además Tú lo sabes mejor que yo, ¿cómo puedo sentir gusto por otras cosas, si la pena de tu
privación me absorbe, me amarga hasta la médula de los huesos, me hace olvidar todo, y sólo
me está presente y fijo en el corazón el clavo de que estoy privada de Ti?"
(4) Y Jesús: "Y esto te dice que eres mía y que estás llena de Mí, porque el gusto tiene este
poder: ‘Si es gusto mío transforma a la criatura en Mí, si es gusto natural la envuelve en las
cosas humanas, si es gusto de pasiones la arroja en la corriente del mal. El gusto parece que
sea cosa de nada, sin embargo no es así, es el acto primero, o del bien, o del mal, mira cómo
es así: Adán, ¿por qué pecó? Porque separó su mirada del atractivo divino, y en cuanto Eva le
presentó el fruto para hacerlo comer, miró el fruto y la vista sintió placer al mirarlo, el oído sintió
deleite al oír las palabras de Eva, de que si comía el fruto se volvería semejante a Dios, la
garganta sintió gusto al comerlo, así que el gusto fue el primer acto de su ruina. Si en cambio
hubiese sentido desagrado al mirarlo, aburrimiento, fastidio al oír las palabras de Eva, disgusto
al comerlo, Adán no habría pecado, más bien habría hecho el primer acto heroico en su vida,
resistiendo y corrigiendo a Eva por haber hecho eso, y él habría permanecido con la corona
imperecedera de la fidelidad hacia Aquél a quién tanto debía y que tenía todos los derechos de
su sujeción. ¡Oh! cómo se necesita estar atento sobre los diversos gustos que surgen en el
alma, si son gustos puramente divinos, darles vida; si son gustos humanos o de pasiones, darles
la muerte, de otra manera hay peligro de precipitarse en la corriente del mal".
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