como entretejió Conmigo sus obras, su amor, sus penas, etc., ahora en el Cielo está circundada
de tal gloria por cuantos entretejidos hizo en mi Voluntad, por eso supera todo, abraza todo y
concurre a todo. He aquí qué significa vivir en mi Querer. Jamás mi amada Mamá habría podido
recibir tanta gloria, si todos sus actos no hubieran corrido en mi Querer, los cuales la constituyen
Reina y corona de todos.
(4) Ahora te quiero a ti en mi Querer, a fin de que el entretejido no sea entre dos sino entre
tres; mi Voluntad quiere ensancharse, a fin de que encuentre en una criatura a todas las criaturas
juntas. Mira el gran bien que te vendrá, cuánta gloria me darás, y cuánto bien harás a todos”.
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14-52
Agosto 19, 1922
La penas que la Divinidad infligía en el interior de Jesús. Las penas
de la Pasión fueron sombras y semejanzas de las penas internas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, el dulce Jesús me hacía sufrir parte de sus penas
y de sus muertes que sufrió por cada una de las criaturas. Por mis pequeñas penas comprendía
cuán atroces y mortales habían sido las penas de Jesús, entonces me ha dicho:
(2) “Hija mía, mis penas son incomprensibles a la naturaleza humana, las mismas penas de
mi Pasión fueron sombras o semejanzas de mis penas internas. Mis penas internas me eran
infligidas por un Dios Omnipotente, al cual ninguna fibra podía esquivar el golpe; las de mi Pasión
me eran infligidas por los hombres, los cuales no teniendo ni la omnipotencia ni la omnividencia,
no podían hacer lo que ellos mismos querían, ni podían penetrar en todas mis fibras internas.
Mis penas internas estaban encarnadas y mi misma Humanidad era transformada en clavos, en
espinas, en flagelos, en llagas, en martirio, tan crueles que me daban muertes continuas, éstas
eran inseparables de Mí, formaban mi misma Vida; en cambio las de mi Pasión eran extrañas a
Mí, eran espinas y clavos que se podían clavar, y queriendo se podían también quitar, y el solo
pensamiento de que una pena se puede quitar es un alivio; pero mis penas internas, que eran
formadas por la misma carne, no había ninguna esperanza de que se me pudieran quitar, ni
disminuir la agudeza de una espina, del traspasarme con clavos. Mis penas internas fueron
tales y tantas, que las penas de mi Pasión las podría llamar alivios y besos que daban a mis
penas internas, que uniéndose juntas daban el último testimonio de mi grande y excesivo amor
por salvar a las almas. Mis penas externas eran voces que llamaban a todos a entrar en el
océano de mis penas internas, para hacerlos comprender cuánto me costaba su salvación. Y
además, por tus mismas penas internas, comunicadas por Mí, puedes comprender en algún
modo la intensidad continua de las mías. Por eso date ánimo, es el amor lo que a esto me
empuja”.
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