(2) “Hija mía, no temas, tampoco Yo te dejo más, si tú no sabes estar sin Mí, tampoco Yo sé
estar sin ti, y para que estés segura de que no te dejo, quiero encadenarte con mi misma luz”.
(3) Yo quedaba tan inmersa y entrelazada en la luz de Jesús, que me parecía que no podría
encontrar el camino para salir de ella. Cómo me sentía feliz y cuántas cosas comprendía en
aquella luz, me faltan las palabras para expresarme, sólo recuerdo que me dijo:
(4) “Hija de mi Querer, esta luz que tú ves no es otra cosa que mi Voluntad, que quiere
consumir tu voluntad para darte la forma de nuestra imagen, esto es, de las Tres Divinas
Personas, de modo que transformándote toda en Nosotros, dejaremos en ti nuestro Querer
como actor divino que nos semeje en nuestras obras y nos dé la correspondencia de lo que
hacemos Nosotros, así que saldrán de Nosotros nuestras imágenes, y nuestro Querer obrante
en ti hará otro tanto. ¡Oh! como la finalidad de la Creación será completada, el eco de nuestro
Querer será el eco de nuestro Querer poseído por ti, la correspondencia será recíproca, el amor
será recíproco, estaremos en plena armonía, la criatura desaparecerá en su Creador y entonces
nada faltará a nuestra alegría, a nuestra felicidad, por las cuales hicimos salir fuera a la Creación,
el hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza tendrá su efecto, y sólo nuestro Querer,
como actor en la criatura, dará cumplimiento a todo, y la Creación nos traerá la finalidad divina
y la recibiremos en nuestro regazo como obra nuestra, como la hicimos salir. Y además, si no
puedes estar sin Mí, es el eco de mi amor que resuena en tu corazón, porque no sabiendo estar
sin ti, te llama y tú, sacudida, buscas a Aquél que tanto te ama, y Yo al verme buscado siento el
eco de tu amor en el mío, y me siento atraído a enviarte nueva corriente de amor para hacer que
más me busques”.
(5) Y yo: “¡Ah! Amor mío, a veces por cuanto te busco Tú no vienes, por eso ahora que te he
encontrado no te dejo más, no volveré más a mi lecho, no lo puedo, demasiado me has hecho
esperar y temo que regresando Tú repetirás tus privaciones”. Y me lo estrechaba más fuerte
repitiendo: “No te dejo más, no te dejo más”. Y Jesús, si bien gozaba de mis abrazos me ha
dicho:
(6) “Hija amada mía, tú tienes razón en que no puedes estar sin Mí, sin tu vida; pero, ¿y de
mi Voluntad qué haremos? Mientras sea mi Voluntad la que quiere que regreses a tu cama, no
temas, Yo no te dejo; dejaré entre tú y Yo la corriente de la luz de mi Voluntad, y tú cuando me
quieras, tocarás la corriente de la luz de mi Querer, y Yo de inmediato sobre las alas de Ella
vendré a ti; por eso regresa, no por otra cosa, sino sólo para que mi Querer cumpla sus designios
y haga el camino que quiere hacer en ti, te acompañaré Yo mismo para darte la fuerza de hacerte
regresar”.
(7) Pero, ¡oh! bondad de Jesús, parecía que si no tenía mi consentimiento, tampoco Él quería
hacerme volver, y no apenas he dicho: “Jesús, haz lo que quieras”. Me he encontrado en mí
misma.
(8) Ahora, todo el día me he sentido circundada de luz, y cuando lo quería tocaba la luz y Él
venía. Al día siguiente me ha transportado fuera de mí misma y me hacía ver todas las cosas
creadas, de las cuales Jesús era no sólo el Creador y dominador, sino que de Él salía la vida de
la conservación de todas las cosas, la corriente de la potencia creadora estaba en continua
relación con ellas, y si ésta faltara, todas las cosas se resolverían en la nada. Entonces mi dulce
Jesús me ha dicho:
(9) “A la hija de mi Querer quiero darle la supremacía sobre todo, mi dominio y el suyo deben
ser uno solo, si Yo soy Rey, ella debe ser reina, y si de todo te he dado conocimiento, es porque
quiero que no sólo conozcas mis dominios, sino que junto Conmigo domines y concurras a la
conservación de todas las cosas creadas. Mi Querer, así como se extiende de Mí sobre todos,
quiero que se extienda desde ti”.
(10) Después me ha hecho notar un lugar en el mundo del cual salía un humo negro, y me
dicho:
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