(3) Entonces, ¿por qué te maravillas de que tu vida externa sea del todo ordinaria? Es mi
costumbre cubrir con las cosas más ordinarias mis obras más grandes, a fin de que nadie me
las señale, y Yo quedo más libre para obrar, y cuando he realizado todo, entonces doy la
sorpresa y las manifiesto a todos, haciendo maravillarse a todos. Es cierto que la obra que hago
en ti es grande, ¿te parece poco que haga correr todos tus actos en la corriente de mi Querer,
y la corriente de mi Querer corra en los tuyos, y mientras estas corrientes corren, forman un solo
acto con todos los actos de las criaturas, haciendo correr sobre todos un Querer Divino,
haciéndose actor de cada acto de cada uno, sustituyendo por todos un acto divino, un amor, una
reparación, una gloria divina y eterna? ¿Y te parece poco que la corriente de una voluntad
humana esté en continua relación con una Voluntad Divina, y que una desemboque en la otra?
Hija mía, lo que te recomiendo es que seas atenta y me sigas fielmente”.
(4) Y yo: “Amor mío, en estos días han sido tantas las circunstancias, que me sentía distraída”.
(5) Y Él: “Por eso sé atenta, porque cuando lo que haces no corre en mi Querer, sucede como
si el sol detuviese su curso, y cuando estás distraída formas las nubes delante del sol, y tú
quedas oscurecida; pero cuando las distracciones son involuntarias, basta un acto fuerte y
decidido de tu voluntad de correr en mi Querer, para hacer poner en camino al sol, y como un
rápido vientecillo poner en fuga las nubes, para hacer resplandecer más bello el Sol de mi
Querer”.
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14-14
Marzo 18, 1922
La culpa encadena al alma y le impide hacer el bien.
(1) Estaba acompañando a mi dulce Jesús en sus penas de la Pasión, y Él haciéndose ver
me ha dicho:
(2) “Hija mía, la culpa encadena al alma y le impide hacer el bien: La mente siente la cadena
de la culpa y queda impedida para comprender el bien, la voluntad siente la cadena que la ata
y se siente entorpecida, y en lugar de querer el bien quiere el mal, el deseo encadenado siente
que le cortan las alas para volar a Dios. ¡Oh, cómo me da compasión ver al hombre encadenado
por sus mismas culpas! He aquí por qué la primera pena que quise sufrir en la Pasión fueron
las cadenas, quise estar atado para liberar al hombre de sus cadenas. Aquellas cadenas que
Yo sufrí se convirtieron, en cuanto me tocaron, en cadenas de amor, las cuales tocando al
hombre quemaban y rompían las suyas y lo ataban con mis amorosas cadenas. Mi amor es
operativo, no sabe estar si no obra, por eso para todos y para cada uno preparé lo que se
necesita para rehabilitarlo, para sanarlo, para embellecerlo de nuevo, todo hice a fin de que si
se decide encuentre todo preparado y a su disposición, por eso tengo listas mis cadenas para
quemar las suyas; los pedazos de mi carne para cubrir sus llagas y adornarlo de belleza; mi
sangre para darle nuevamente la vida; todo lo tengo listo. Tengo en reserva para cada uno lo
que se necesita, mi amor quiere darse, quiere obrar, siento una intranquilidad, una fuerza
irresistible que no me da paz si no doy, ¿y sabes qué hago? Cuando veo que ninguno toma,
concentro mis cadenas, los pedazos de mi carne, mi sangre, en quien los quiere y me ama, y lo
cubro de belleza, envolviéndolo todo con mis cadenas de amor, le centuplico la vida de gracia,
y así mi amor se desahoga y se tranquiliza”.
(3) Pero mientras esto decía, yo veía que sus cadenas, los pedazos de su carne, su sangre,
corrían sobre mí, y Él se divertía aplicándolos sobre de mí y envolviéndome toda. ¡Cómo es
bueno Jesús, sea siempre bendito! Después ha regresado y ha agregado: