Voluntad conculcada y despreciada en las otras criaturas, ella le devuelve el decoro, el honor,
la gloria, el régimen, la vida, ¿cómo no debemos dar todo a ella?”
(3) Después, como si no pudiera contener el amor, me ha estrechado a su corazón y ha
agregado:
(4) “Todo, todo a la pequeña hija de mi Querer; estaré en continuo desahogo sobre de ti, tus
pensamientos serán el desahogo de mi sabiduría, tus miradas serán el desahogo de mi luz, tu
respiro, tu latido, tu acción, serán precedidos por mis desahogos, y luego tendrán vida. Sé atenta
y en cada cosa que hagas, piensa que es un desahogo de Jesús que te viene”.
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13-47
Diciembre 28, 1921
Temores. Jesús le da la paz. Luisa quiere que Jesús haga su voluntad.
(1) Me sentía muy afligida, y con una opresión tal que me sentía morir por ciertas cosas que
no es necesario escribir. Ahora, mi dulce Jesús al venir me ha tomado entre sus brazos para
sostenerme y darme fuerza, y después todo dulzura y bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué pasa, qué pasa? Mucho te oprimes, y Yo no lo quiero”.
(3) Y yo: “Mi Jesús, ayúdame, no me abandones en tanta amargura, pero lo que más me
oprime es que siento surgir en mí un querer que quisiera decirte: “Esta vez Tú harás mi voluntad,
no yo la tuya”. Y el sólo pensar esto me da la muerte. ¡Oh! cómo es verdad que tu Voluntad es
vida, pero las circunstancias me empujan, ¡ah, ayúdame!” Y he roto en llanto, y Jesús
haciéndose bañar sus manos por mis lágrimas, y estrechándome más ha agregado:
(4) “Hija mía, ánimo, no temas, Yo soy todo para ti, mira cómo son bellas mis manos perladas
por las lágrimas de quien teme no hacer mi Querer, ni siquiera una ha caído por tierra. Ahora
cálmate y escúchame, Yo haré lo que quieres tú, pero no porque lo quieres tú, sino como si lo
quisiera Yo, ¿no estás contenta? Del resto es necesario un poco de suspensión de tu estado,
no tengo a quien confiarte, ¿quién podría hacerlo? Tienen el corazón cubierto de una coraza
de hierro, mis voces no son ni escuchadas ni comprendidas, los pecados son horrendos, los
sacrilegios enormes, los flagelos están ya a las puertas de la ciudad, habrá gran mortandad, por
eso se necesita un poco de suspensión de tu estado que impide el curso a mi justicia. Tú me
darás el tiempo libre para venir y Yo, retirándome, sin hacerte salir de mi Voluntad te daré lo que
te sea necesario”.
(5) Yo he quedado más que nunca amargada por tantas otras cosas que Jesús me ha dicho
acerca de nuestros tristes tiempos, pero calmada porque me ha asegurado que no me hacía
salir de su Querer. Al otro día ha venido mi Mamá Reina y trayéndome al niñito Jesús me lo ha
puesto en los brazos y me ha dicho:
(6) “Hija mía, tenlo estrechado, no lo dejes ir, si supieras que quiere hacer, rézale, rézale, la
oración en su Querer lo arrebata, lo encadena, así al menos se ahorrarán en parte los flagelos”.
(7) Dicho esto ha desaparecido, y yo he vuelto a la trágica duda de haber inducido a Jesús a
hacer mi querer.
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