las flores, si tuvieran razón responderían: “Nosotros hemos nacido en el mar, vivimos en el mar,
el agua nos nutre, y si los demás quedarían ahogados en él, nosotros nos movemos en él y él
nos da la vida, y si a los demás seres les helaría la sangre en las venas, a nosotros nos da el
calor, el mar es todo para nosotros, nos sirve de habitación, de cama, paseamos en él, somos
los únicos seres afortunados que no debemos fatigarnos para encontrar el alimento; lo que
queremos, todo está pronto a nuestra disposición, así que podemos platicar del mar, no de la
tierra; el agua nos sirve para todo y en ella encontramos todo”. Pero si en cambio se les
preguntara a los pájaros, éstos responderían: “Conocemos las plantas, la altura de los árboles,
las flores, los frutos; dirían cuántas fatigas pasan para encontrar una semilla para alimentarse,
un escondite para protegerse del frío, de la lluvia”.
(6) Similitud del mar es para quien vive en mi Voluntad; similitud de la tierra es para quien
camina por el camino de las virtudes. Por eso viviendo tú en el mar de mi Voluntad, no es
maravilla el que sólo mi Voluntad te baste para todo; si el agua sirve y hace tantos oficios
diversos a los peces: de alimento, de calor, de lecho, de habitación, de todo, mucho más lo
puede hacer y en modo más admirable mi Voluntad, es más, en mi Voluntad las virtudes son en
el grado más heroico y divino. Mi Voluntad absorbe todo y licua todo en Sí, y el alma queda
absorbida en mi Voluntad, de Ella se alimenta, en Ella camina, sólo a Ella conoce y le basta para
todo, se puede decir que entre todas las criaturas es la única afortunada que no debe mendigar
un pan, no, sino que el agua de mi Voluntad la inunda por encima, por debajo, a la derecha, a
la izquierda, y si quiere el alimento come, si quiere la fuerza la encuentra, si quiere dormir
encuentra la cama más suave para reposarse, todo está pronto y a su disposición”.
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13-21
Octubre 6, 1921
El pecado es el punto negro del hombre,
el estado de gracia es el punto luminoso del hombre.
(1) Estaba rezando y adorando las llagas de mi crucificado Jesús, y pensaba entre mí: “Cómo
es feo el pecado, que ha reducido a mi sumo bien a un estado tan desgarrador”. Y mi siempre
amable Jesús, apoyando su santísima cabeza sobre mi hombro, suspirando me ha dicho:
(2) “Hija mía, el pecado no sólo es feo, sino horrible, es el punto negro del hombre. Mientras
peca sufre una transformación brutal, todo lo bello que le he dado se cubre de una fealdad
horrible al verse, y no solamente el sentido que peca, sino todo el hombre corre junto, así que
pecado el pensamiento, el latido, el respiro, el movimiento, el paso; la voluntad ha arrastrado al
hombre a un solo punto, y de todo su ser salen densas tinieblas que lo ciegan y un aire venenoso
que lo envenena, todo es negro en torno a él, todo es mortal, y cualquiera que se acerca a él se
pone en un estado de peligro, horrible y espantoso, tal es el hombre en el estado de pecado”.
(3) Yo he quedado aterrorizada y Jesús ha continuado:
(4) “Si horrible es el hombre en el estado de culpa, en el estado de gracia y de obrar el bien
es bello; el bien, aunque sea el más pequeño, es el punto luminoso del hombre, mientras hace
el bien sufre una transformación celestial, angélica y divina; su buen querer arrastra todo su ser
a un solo punto, así que bien es el pensamiento, la palabra, el latido, el movimiento, el paso,
todo es luz dentro y fuera de él, su aire es balsámico y vital, y cualquiera que se acerca se pone
al seguro. Cómo es bella, graciosa, atrayente, amable, hermosa, el alma en gracia al hacer el
bien, tanto que Yo mismo quedo enamorado, cada bien que hace es un matiz de belleza de más
que adquiere, es una semejanza de más con su Creador que la hace distinguir por hija suya, es
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