11-34
Agosto 31, 1912
El Amor simbolizado por el sol deslumbrante.
(1) Rezando por una persona, el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, al Amor, simbolizando por el sol, le sucede como a aquellas personas que
mientras tienen los ojos dirigidos a lo bajo, la luz del sol desciende suavemente sobre sus ojos,
por eso pueden hacer muy bien sus acciones, pero si quieren fijar los ojos en el sol,
especialmente si es mediodía, la vista queda deslumbrada y se ven obligados a bajarlos, de otra
manera estarían obligados a cesar en sus acciones, y el daño sería para ellos, al sol no le harían
ningún daño, continuaría con majestad su curso. Así es hija mía para quien me ama de verdad,
el amor para ellos es más que sol majestuoso, imponente; las personas, si lo miran de lejos, la
luz del amor desciende suave sobre sus ojos, por eso pueden hacer proyectos, tramar insidias,
hablar mal de ellos, pero si hacen por acercarse a él, fijarlo, la luz del amor resplandecerá en
sus ojos y terminarán con alejarse y por no pensar más en él, y el alma amante continuará su
camino sin ni siquiera pensar si la miran o no la miran, porque sabe que el amor la defenderá
de todo y la tendrá al seguro”.
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11-35
Septiembre 2, 1912
Las reflexiones, las preocupaciones sobre sí mismo,
aun sobre el bien, para quien ama a Dios son
tantos vacíos que forman al amor.
(1) Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “Mi único temor es que Tú me pudieras dejar,
retirándote de mí”.
(2) Y Jesús: “Hija mía, no puedo dejarte porque tú no haces ninguna reflexión sobre de ti
misma, ni tomas ningún cuidado de ti; las reflexiones, los cuidados personales aun sobre el bien,
para quien me ama de verdad son tantos vacíos que forma al amor, por lo tanto mi Vida no llena
toda, toda el alma, estoy como al margen, en un rincón y me dan así ocasión de darme mis
escapadas; en cambio quien no es llevado a las reflexiones de los cuidados propios, y piensa
sólo en amarme, y toma cuidado sólo de Mí, Yo lo lleno todo, no hay punto de su vida en que
no encuentre la mía, y queriendo darme mis escapadas debería destruirme a Mí mismo, lo cual
no puede ser jamás.
(3) Hija mía, si supieran las almas el mal que hacen las reflexiones propias, encorvan al alma,
la abajan, la hacen tener el rostro vuelto hacia sí mismas, y mientras más se miran más humanas
se vuelven, más reflexionan, más sienten las miserias y más empobrecen, en cambio el solo
pensamiento de Mí, en amarme, en estarse toda abandonada en Mí, hace recta al alma, y con
tener el rostro dirigido a mirarme sólo a Mí, se elevan y crecen; más me miran más divinas se
hacen, mientras más reflexionan sobre Mí más se sienten ricas, fuertes y valerosas”.
(4) Después ha agregado: “Hija mía, las almas que están unidas con mi Querer y que me
hacen hacer mi Vida en ellas y piensan sólo en amarme, están unidas Conmigo como los rayos
al sol; ¿quién forma los rayos? ¿Quién les da vida? El sol; si el sol no pudiera formar los rayos
no podría extender su luz ni su calor, así que los rayos ayudan al sol a hacer su curso y lo
embellecen de más. Así Yo, sólo por medio de estos rayos que forman una sola cosa Conmigo,