11-30
Agosto 16, 1912
El pensar en sí mismo ciega la mente; el
pensar sólo en Dios es luz a la mente.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el pensar en vosotros mismos ciega la mente y os forma una especie de encanto
humano, y este encanto humano forma una red en torno al hombre; esta red está formada de
debilidad, de opresiones, de melancolías, de temores y de todo lo que de mal contiene la
naturaleza humana, y por cuanto más se piensa en sí mismo, aun bajo aspecto de bien, más
densa se hace la red y más ciega queda el alma. En cambio, el no pensar en sí mismo, sino
pensar sólo en Mí, sólo en amarme, cualesquiera que sean las cosas, es luz a la mente y en ella
se forma un dulce encanto divino, y este encanto divino también teje en la mente su red, y esta
red está formada toda de luz, de fortaleza, de gozo, de confianza, en suma, de todos los bienes
que poseo Yo mismo, y cuanto menos se piensa en sí mismo, más densa se forma esta red, así
que no se reconoce más. ¡Cómo es bello ver al alma envuelta en esta red que en ella ha tejido
el encanto divino, cómo es agradable, graciosa y amada por todo el Cielo!, lo contrario para el
alma que piensa en sí misma”.
+ + + +
11-31
Agosto 17, 1912
El pensamiento de sí mismo empequeñece al alma.
(1) Orando, mi bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el pensamiento de sí mismo empequeñece al alma, y desde su pequeñez mide
mi grandeza, y casi quisiera restringirme, en cambio quien no piensa en sí mismo, pensando en
Mí se engrandece en mi inmensidad y me da el honor a Mí debido”.
+ + + +
11-32
Agosto 20, 1912
Se debe llamar a Jesús en todo para obrar junto
con Él. El hombre propone y Dios dispone.
(1) Continuando, mi siempre amable Jesús apenas se ha hecho oír y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuánto me desagrada ver al alma encogida en sí misma, verla obrar sola,
mientras estando Yo junto a ella la miro, y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo
que hace, Yo estoy esperando que me llame y me diga: “Quiero hacer esta cosa y no sé hacerla,
ven Tú a hacerla junto conmigo, y todo sabré hacer bien”. Por ejemplo: “Quiero amar, ven junto
conmigo a amar; quiero rezar, ven Tú a rezar junto conmigo; quiero hacer este sacrificio, ven Tú
a darme tu fuerza pues yo me siento débil”. Y así de todo lo demás, y Yo con mucho gusto, con
sumo placer mío me prestaría a todo. Yo soy como un maestro que habiendo dado el tema a un
alumno suyo, se está junto a él para ver qué hace su discípulo, y el alumno no sabiéndolo hacer
bien se enoja, se afana, se turba, quizá llora, pero no dice: “Maestro, enséñame cómo debo