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11-22
Junio 2, 1912
Sólo las cosa extrañas a Jesús nos pueden separar de Él.
(1) Continuando mi habitual estado me lamentaba con Jesús de sus privaciones, y Él me ha
dicho:
(2) “Hija mía, cuando en el alma no hay nada extraño a Mí o que no me pertenezca, no puede
haber separación entre Yo y el alma; más bien te digo que si no hay ningún pensamiento, afecto,
deseo, latido que no sea mío, Yo tengo al alma Conmigo en el Cielo, o bien permanezco con
ella en la tierra. Solamente esto me puede dividir del alma, si hay cosas extrañas a Mí, y si esto
no lo adviertes en ti, ¿por qué temes que me pueda separar de ti?”
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11-23
Junio 9, 1912
Para el alma que hace la Divina Voluntad y
vive del Querer Divino no hay muertes.
(1) Sintiéndome un poco sufriente estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “¿Cuándo me
llevarás Contigo? ¡Ah, pronto Jesús, haz que la muerte me quite esta vida y me reúna Contigo
en el Cielo!”
(2) Y Jesús: “Hija mía, para el alma que hace mi Voluntad y vive en mi Querer no hay ni existen
muertes. La muerte está para quien no hace mi Voluntad, porque debe morir a tantas cosas: a
sí mismo, a las pasiones, a la tierra; pero quien hace mi Voluntad no tiene a que cosa morir, ya
está habituado a vivir de Cielo, no es otra cosa que dejar sus harapos, como uno que dejara los
vestidos de pobre para vestirse con las vestiduras de rey para dejar el exilio y llegar a la patria,
porque el alma que hace mi Voluntad no está sujeta a la muerte, no tiene juicio, su vivir es
eterno, lo que debía hacer la muerte lo ha hecho anticipadamente el amor, y mi Querer la ha
reordenado toda en Mí, de manera que no tengo de qué juzgarla. Por eso estate en mi Voluntad,
y cuando menos lo pienses te encontrarás en mi Voluntad en el Cielo”.
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11-24
Junio 28, 1912
En el cielo que es el alma, el Sol es Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que hace mi Voluntad es cielo, pero cielo sin sol y sin estrellas, porque
el Sol soy Yo y las estrellas que embellecen este cielo son mis mismas virtudes. ¡Qué bello es
este cielo, de hacer enamorar a cualquiera que lo pueda conocer! Y mucho más quedo Yo
enamorado, porque como Sol me pongo en el centro de este cielo y lo voy saeteando
continuamente de nueva luz, de nuevo amor, de nuevas gracias. Bello este cielo al verse si
resplandece el Sol, esto es cuando me manifiesto y acaricio al alma y la colmo de mis carismas,