a amar todo divinamente, es si en el obrar, en el hablar, en el rezar, en todo, no encuentra más
obstáculos, disgustos, oposiciones, porque delante a esta potencia de obrar y amar divinamente,
todos inclinan la cabeza y no se atreven ni siquiera a respirar. Yo, Padre benévolo, estoy siempre
a guarda del corazón humano, y viéndolo irse de Mí, esto es, obrar y amar humanamente, le
pongo las espinas, los disgustos, las amarguras, las cuales pinchan y amargan aquella obra y
aquel amor humano, y el alma viéndose mortificada, descubre que aquel su modo no es divino,
entra en sí misma y obra diversamente, porque las pinchaduras son los centinelas del corazón
humano y le suministran los ojos para hacerle ver quién es quien la mueve: Dios o la criatura.
En cambio cuando un alma deja todo, obra y ama todo divinamente, goza mi paz, y en lugar de
tener los centinelas y los ojos de las pinchaduras, tiene el centinela de la paz que le aleja todo
lo que la puede turbar, y los ojos del amor, los cuales ponen en fuga y queman a aquellos que
quieren turbarla, por eso éstos se están en paz con respecto a aquella alma y le dan paz y se
ponen a su disposición. Parece que el alma puede decir: “Ninguno me toca porque soy divina y
soy toda de mi dulce amor Jesús; ninguno osa turbar mi dulce reposo con mi Sumo Bien, y si se
atreve, con la Potencia de Jesús que es mía, lo pondré en fuga”.
(3) Parece que he dicho muchos disparates, pero Jesús ciertamente me perdonará, porque lo
he hecho por obedecer, parece que me da el tema en palabras, pero yo siendo ignorante y niña
no tengo capacidad de desarrollarlo”.
Deo Gratias.
Nihil obstat
Canonico Hanibale
M. Di Francia
Eccl.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926