que lloras? Te ruego que no llores, vierte sobre mí tus penas, hazme tomar parte de tus
amarguras, pero no llores porque me siento morir por el dolor. Pobre Jesús, ¿qué te han hecho?”
Y lo acariciaba, lo besaba para calmarle el llanto.
(2) Y Jesús: “Ah hija mía, tú no sabes cuánto me hacen, si tú lo vieras morirías por el dolor.
Tú dices que no debo hacer venir a los extranjeros, pero por lo que están haciendo ellos mismos
me están arrancando este castigo, ellos me han arrancado el flagelo de la guerra, ellos me han
arrancado el castigo de que les destruyese las ciudades, por eso hija mía, paciencia”.
(3) Y yo: “Al verte llorar me siento rotos los brazos y no sé decirte que no lo hagas, sólo te
digo que me lleves a mí primero, porque estando en el Cielo pensaré como aquellos del Cielo,
pero estando en la tierra no pensaré como ellos, y por eso no puedo resistir ver todo esto”.
Entonces parecía que era tanto el dolor de Jesús y la necesidad de que alguien lo aliviase, que
se ha estado casi siempre junto conmigo, y yo ahora le hablaba de amor, ahora lo reparaba,
ahora rogábamos juntos, ahora le veía la cabeza para ver si tenía la corona de espinas para
quitársela. Jesús tenía deseos de estarse conmigo, todo se dejaba hacer; eran tantos los
pecados que se cometían que no quería ir en medio a las gentes. Después ha vertido un poco
de licor dulce diciéndome:
(4) “También tú tienes necesidad de ser confortada”.
(5) ¡Oh, cómo es bueno Jesús!
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10-40
Octubre 23, 1911
Debemos hacer que la vida de nuestro corazón
sea toda amor, porque Jesús quiere tomar
alimento de dentro del corazón.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús ha venido, pero quién puede decir cuánto sufría.
Parece que siente en Sí todas las penas de las criaturas, y son tantas que busca alivio y
consuelo. Ahora, después de haberlo tenido conmigo en silencio, yo para consolarlo le decía
mis locuras de amor, agregando besos y caricias, así parecía que se aliviase y después me ha
dicho:
(2) “Hija mía, haz que la vida de tu corazón sea toda de amor, no hagas que entre otra cosa,
porque Yo quiero tomar alimento de dentro de tu corazón, y si no encuentro todo amor, para Mí
no será alimento sabroso. En cuanto a las otras partes de ti, les podrás dar a cada una su oficio,
esto es, a la mente, a la boca, a los pies, a todos tus sentidos, a quien le darás la adoración, a
quien la reparación, a quien las alabanzas, el agradecimiento y todo lo demás, pero del corazón
quiero sólo amor”.
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