que hagan estas casas de reunión, salvándome a los sacerdotes que vendrán a estos asilos,
volviéndolos libres del todo de cualquier vínculo de familia, y por estos pocos buenos se
recuperará mi Iglesia de su agonía, éstos son mi apoyo, mis columnas, la continuación de la
vida de la Iglesia. Yo no hablo a los segundos, a todos aquellos que no quieren desvincularse
de los vínculos de la familia, porque si hablo ciertamente no soy escuchado, es más, al sólo
pensar en romper cualquier vínculo quedan indignados, ¡ah! desgraciadamente están
habituados a beber la taza del interés y otras más, que mientras es dulzura a la carne, es veneno
para el alma, estos tales terminarán por beber la cloaca del mundo. Yo quiero salvarlos a
cualquier costo, pero no soy escuchado, por eso hablo, pero para ellos es como si no hablase”.
+ + + +
10-16
Febrero 4, 1911
Donde se hagan las casas de reunión de sacerdotes,
las persecuciones serán más benignas.
(1) Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, di al padre G. que solicite las reuniones de sacerdotes, que no hagan que las
persecuciones se anticipen porque, ¡ay! por ellos, porque donde se hagan estas reuniones serán
más mitigadas las persecuciones, o perdonadas las plagas. Es grande la podredumbre y
demasiado maloliente, y por necesidad se requiere del fierro y del fuego, el fierro para cortar las
carnes gangrenadas, y el fuego para purificar. Por lo tanto, pronto, pronto”.
+ + + +
10-17
Febrero 8, 1911
El amor vuelve feliz a Jesús. Luisa, el Paraíso de Jesús en la tierra.
(1) Continuando mi habitual estado, he pasado cerca de seis días inmersa en el amor de mi
bendito Jesús, tanto, que a veces sentía que no podía más y le decía: “Basta, basta porque no
puedo más”. Me sentía como dentro de un baño de amor que me penetraba hasta la medula de
los huesos, ahora me hablaba Jesús de amor y de cuánto me amaba, y ahora le hablaba yo de
amor. Lo bello era que a veces Jesús no se dejaba ver, y yo nadando en este baño de amor
sentía rompérseme el cerco de la pobre naturaleza, y me lamentaba con Jesús, y Él me
susurraba al oído:
(2) “El Amor soy Yo, y si tú sientes el amor, cierto es que estoy contigo”.
(3) Otras veces, lamentándome, me decía al oído, pero todo de improviso:
(4) “Luisa, tú eres mi paraíso en la tierra, y tu amor me vuelve feliz”.
(5) Y yo: “Jesús, mi amor, ¿qué dices? ¿Quieres burlarte de mí? Tú eres feliz por Ti mismo,
¿por qué dices que eres feliz por mí?”
(6) Y Él: “Escúchame bien hija mía y comprenderás lo que Yo te digo. No hay cosa creada
que no tenga vida de mi corazón, todas las criaturas son como tantas cuerdas que salen de mi
corazón y que tienen vida de Mí, por eso por necesidad y naturalmente todo lo que hacen
repercute en mi corazón, aunque sea un solo movimiento; por consecuencia, si hacen mal, si no
me aman, me dan continua molestia, aquella cuerda hace sonar en mi corazón sonidos de
disgustos, de amarguras, de pecados y forma sonidos lúgubres que me vuelven infeliz por parte
543 sig