9-30
Marzo 12 1910
La Divina Voluntad perfecciona el amor, lo modifica,
lo restringe, lo engrandece en lo que es más santo y perfecto.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, apenas y como de huída ha venido el bendito Jesús
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad perfecciona el amor, lo modifica, lo restringe, lo engrandece en lo
que es más santo y perfecto. El amor a veces quisiera escapar y devorar todo; mi Voluntad
domina al amor y le dice: “Calma, no escapes, pues escapándote te puedes hacer mal, y con
querer devorar todo puedes fallar”. Por lo tanto, el amor es puro por cuanto es uniforme a mi
Querer, caminan juntos y se besan continuamente con el beso de paz. Otras veces, por estado
de ánimo o porque en sus escapadas no ha resultado como él quería, quisiera restringirse y casi
indolentemente sentarse; mi Voluntad lo incita y le dice: “Camina, los verdaderos amantes no
son negligentes, no están ociosos”. El amor sólo está seguro cuando está encerrado en mi
Querer, así que el amor hace apreciar, desear, llegar a la locura, a los excesos; pero mi Voluntad
modera, tranquiliza al mismo amor, y nutre de alimento más sólido y divino al alma amante. Así
que en el amor pueden haber muchas imperfecciones, y también en las cosas santas; en mi
Voluntad jamás, todo en Ella es perfecto. Hija mía, esto sucede especialmente en las almas
amantes y que han sido favorecidas con mis visitas, con mis besos y caricias, que quedan en
poder del amor, y cuando Yo las privo de Mí el amor se adueña de ellas y las hace anhelantes,
delirantes, libres, inquietas, impacientes, así que si no fuera por mi Voluntad que las nutre, las
aquieta, las calma, las corrobora, el amor les daría la muerte, si bien el amor no es otra cosa
que el hijo primogénito de mi Voluntad, pero necesita estar siempre corregido por mi Querer; y
Yo la amo tanto como me amo a mí mismo”.
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9-31
Marzo 16, 1910
El camino estrecho de la salvación.
(1) Hablando con el confesor, me había dicho que es difícil el salvarse, y Jesucristo mismo lo
ha dicho: “La puerta es estrecha, debéis esforzaros para entrar”. Después, habiendo recibido la
comunión, Jesús me ha dicho:
(2) Pobre de Mí, cómo me consideran estrecho. Di al confesor que desde su estrechura juzgan
la mía; no me tienen por aquel Ser grande, inmenso, interminable, potente, infinito en todas mis
perfecciones, y que por mis estrecheces puedo hacer pasar grandes turbas de gentes, más que
por las mismas anchuras”.
(3) Y mientras esto decía me parecía ver un camino estrecho, estrecho, que terminaba en una
puertecita también estrecha, pero llena, llena de pueblos que casi peleaban entre ellos para ver
quien podía caminar hacia el frente y entrar. Y Jesús ha agregado:
(4) “Mira hija mía qué gran turba se apiña y hacen competencia por llegar primero, en la
competencia hay mucho quehacer, en cambio si el camino fuera amplio ninguno se daría prisa,
sabiendo que hay espacio para caminar cuando a ellos les agrade, y dándose tiempo puede
venir la muerte, y no encontrándose en el camino estrecho se encontrarían en la desembocadura
de la puerta ancha del infierno. ¡Oh! cuánto ayuda esta estrechez; aun entre ustedes sucede
esto, si se hace una fiesta, una función, si se sabe que el lugar es estrecho, muchos se dan prisa