que tu vida es como una vida que ya ha pasado, por eso no adviertes el peso de las miserias
humanas. Por eso mantente atenta a lo que te conviene, y a amarme hasta el infinito Amor”.
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9-17
Octubre 7, 1909
Cautela y celo de Jesús el circundar a las
criaturas de espinas en el alma y en el cuerpo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, es tal y tanto el celo, la cautela que tengo con mis criaturas, que para no dejarlas
dañarse estoy obligado a circundarles de espinas el alma y el cuerpo, a fin de que las espinas
tengan alejado el fango que podría ensuciarlas. Es por esto hija mía que aun mis más grandes
favores con los que favorezco a las almas a Mí más amadas los circundo de espinas, esto es,
de amarguras, de privaciones, de estados de ánimo, a fin de que estas espinas no sólo me las
custodien, sino que no las dejen ensuciarse con el fango del amor propio y de otras cosas”.
(3) Y ha desaparecido
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9-18
Octubre 14, 1909
Pruebas de que es Jesús quien va a Luisa.
(1) Continuando mi habitual estado, me parecía encontrar en mis brazos al niño Jesús; y de
uno se han hecho tres, y yo me sentía toda inmersa en ellos. Después, en la mañana cuando
vino el confesor, me ha preguntado si había venido Jesús, y yo le dije como está escrito arriba,
sin agregar otra cosa. Entonces el confesor me dijo:
(2) “¿Nada te han dicho? ¿Nada has comprendido?
(3) Y yo: “No sé decirlo bien”. Y él continuaba diciéndome:
(4) “Ha sido toda la Trinidad, ¿y no sabes decir nada? Te has vuelto más tonta, se ve que son
sueños”.
(5) Y yo: “Sí, es verdad que son sueños”. Y ha seguido diciéndome otras cosas, y mientras el
confesor hablaba yo me he sentido estrechar fuerte, fuerte por los brazos de Jesús, tanto de
perder los sentidos, y Jesús me decía:
(6) “¿Quién es el que quiere molestar a mi hija?”
(7) Y yo: “El padre tiene razón, porque yo no sé decir nada; no tienen ninguna señal de que
quien viene a mí seas Tú, Jesucristo”. Y Jesús continuó diciéndome:
(8) “Yo hago contigo como haría el mar a una persona que fuera a arrojarse a lo profundo de
él. Yo te arrojo toda en mi Ser, de modo que todos tus sentidos quedan inundados, y si quieres
hablar de mi inmensidad, profundidad y altura, podrás decir que era tanta que la vista se te
perdía; si quieres hablar de mis delicias, de mis cualidades, podrás decir que son tales y tantas,
que tratabas de abrir la boca para numerarlas y quedabas ahogada, y así de todo lo demás.
Además, ¿cómo que ninguna señal he dado de que soy Yo? Falso. ¿Quién te ha mantenido
veintidós años en cama, sin interrupciones, y con plena calma y paciencia? ¿Ha sido tal vez
virtud de ellos, o virtud mía? ¿Y las pruebas que hicieron durante los primeros años de este tu
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