frías, porque las pobres plantas por las heladas y las nevadas a que están sujetas por largos
meses, son obligadas a dar por breve tiempo poquísimos frutos, casi cansando la paciencia del
agricultor que los debe recoger. Así son las almas que han llegado a la unión Conmigo, el calor
de mi unión disipa de ellas el frío de las inclinaciones humanas, que como frío para las plantas
las vuelve estériles y despojadas de hojas y de frutos divinos. Las heladas de las pasiones, las
nevadas de las turbaciones, impiden en el alma los frutos de la Gracia. Estando el alma a la
sombra de mi unión nada le hace impresión, ninguna cosa entra en su interior que disturbe
nuestra unión y nuestro reposo, toda su vida gira en torno a mi centro, así que sus inclinaciones,
sus pasiones, son para Dios, y si alguna vez se hace una breve pausa, no es otra cosa que un
simple ocultamiento mío para darle después una sorpresa de mayores alegrías y así poder
gustar en ella frutos más exquisitos de paciencia y de heroísmo, que ha ejercitado durante mi
ocultamiento. Todo lo contrario sucede a las almas imperfectas, parecen las plantas nacidas en
las regiones frías, están sujetas a todas las impresiones, así que su vida vive más de
impresiones que de razones y de virtudes; las inclinaciones, las pasiones, las tentaciones, las
turbaciones y todos los eventos de la vida son tantos fríos, heladas, nevadas, granizadas, que
impiden el desarrollo de mi unión con ellas, y cuando parece que han hecho una bella floración,
basta un nuevo suceso, una cosa que les haga impresión, para hacer que se marchite esta bella
floración y hacerla caer por tierra; así que se encuentran siempre al principio. y poquísimos frutos
producen, y casi cansan mi paciencia en cultivarlas”.
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8-29
Marzo 15, 1908
Las almas cuando están llenas de Dios, las
tempestades no tienen la fuerza para agitarlas.
(1) Esta mañana me sentía más que nunca oprimida por la privación de mi sumo y único Bien,
pero al mismo tiempo apacible, sin aquellas ansias que me hacían girar Cielo y tierra, y que sólo
me detenía cuando lo encontraba. Y decía entre mí: “Qué cambio, me siento paralizada por el
dolor de tu ausencia, sin embargo no lloro, me siento una paz profunda que toda me inviste,
ningún aliento en contrario entra en mí”. En este momento, el bendito Jesús ha venido y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, no te quieras afligir, debes saber que cuando hay una fuerte tempestad en el
mar, donde las aguas son profundas la tempestad no es más que superficialmente, la
profundidad del mar está en la más perfecta calma, las aguas permanecen tranquilas y los peces
cuando advierten la tempestad, para estar más seguros se van a refugiar donde las aguas son
más profundas, así que toda la tempestad se descarga donde el mar contiene poquísima agua,
porque como las aguas son pocas, la tempestad tiene la fuerza para agitarlas desde la superficie
hasta el fondo y transportarlas a otros puntos del mar. Así sucede a las almas cuando están
todas llenas de Dios, hasta el borde, hasta derramarse fuera, las tempestades no tienen la fuerza
para agitarlas en lo más mínimo, porque contra Dios no hay fuerza que valga, a lo más la sentirán
superficialmente, pero en cuanto advierten la tempestad ponen en orden las virtudes y se
refugian en lo más profundo de Dios; así que exteriormente parece que haya tempestad, pero
todo es falso, porque es entonces cuando el alma goza de más paz y se reposa tranquila en el
seno de Dios, como los peces en el seno del mar.
(3) Todo lo contrario para las almas vacías de Dios, o que contienen algún poco de Dios, las
tempestades las agitan todas, así que si tienen algo de Dios lo disminuyen, no se necesitan
fuertes tempestades para agitarlas, basta un ligero viento para hacer huir de ellas las virtudes.