8-3
Julio 1, 1907
En la Divina Voluntad se olvidan los pecados.
(1) Estaba leyendo de una santa que siempre pensaba en las propias culpas, y que pedía a
Dios dolor y perdón. Y yo en mi interior decía: “Señor, qué diferencia entre esta santa y yo, yo
nunca pienso en los pecados, y ella que siempre piensa en ellos, se ve que me he equivocado”.
En ese instante lo he sentido moverse en mi interior y se hizo como un relámpago de luz en mi
mente, y oí que me decían:
(2) “Necia, necia que eres, ¿no quieres entenderlo? ¿cuándo mi Voluntad ha producido
pecados, imperfecciones? Mi Voluntad es siempre santa, y quien vive en Ella queda ya
santificado, y goza, se alimenta y piensa en todo lo que mi Voluntad contiene, y aunque en el
pasado haya cometido pecados, encontrándose en la belleza, en la santidad, en la inmensidad
de los bienes que contiene mi Voluntad, olvida lo feo de su pasado y se recuerda sólo del
presente, con la condición de que no salga de mi Querer; pero si llegara a salir, regresando al
propio ser, no es de asombrarse que recuerde pecados y miserias. Ten presente en tu mente
que en mi Voluntad no entran ni pueden entrar estos pensamientos de pecados y de sí misma,
y si el alma los siente significa que no es estable ni está fija dentro de Mí, sino que se da sus
escapadas”.
(3) Encontrándome después en mi habitual estado, en cuanto lo he visto me ha dicho:
(4) “Hija mía, la verdad, por cuanto sea perseguida, no se puede hacer menos que reconocer
que es verdad, y llegará el tiempo en que esa misma verdad perseguida venga a ser reconocida
y amada. En estos tristes tiempos todo es falsedad y doblez, y para hacer que la verdad pueda
señorear, el hombre necesita ser castigado y destruido; y estos golpes, parte se los darán ellos
mismos y se destruirán mutuamente, otros vendrán de Mí, especialmente para Francia, donde
habrá gran mortalidad, tanto, que quedará casi despoblada”.
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8-4
Julio 4, 1907
El alma debe rumiar en su mente las verdades aprendidas.
(1) Estaba pensando: “Cómo me he vuelto mala, no obstante el Señor no me corrige, no me
reprende”. Mientras esto pensaba lo he sentido moverse en mi interior, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, camina, camina. Si Yo soy bondad, misericordia, dulzura, soy también justicia,
fortaleza, potencia; si Yo te viera retroceder o cometer defectos voluntarios, ante tantas gracias
que te he hecho, merecerías ser fulminada, y en verdad te fulminaría; y si no lo hago tú misma
comprendes el por qué, y si no te hablo siempre, debes rumiar continuamente en tu mente
cuantas verdades te he enseñado, después entra en tu interior, únete Conmigo, y Yo estaré
siempre junto contigo para obrar interiormente”.
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