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Enero 16, 1906
Quien vive en el ambiente de la Voluntad
Divina está en el puerto de todas las riquezas.
(1) Continuando mi acostumbrado estado, por poco tiempo ha venido mi bendito Jesús y me
ha dicho:
(2) “A la verdad nadie puede resistir, ni el hombre puede decir que no es verdad; por cuan
malo y estúpido no puede decir uno que el blanco es negro, y que el negro es blanco, que la luz
es tinieblas, y que las tinieblas son luz; sólo que quien la ama la abraza y la pone en acción, y
quien no la ama queda turbado y atormentado”.
(3) Y como relámpago ha desaparecido, y poco después ha regresado y ha agregado:
(4) “Hija mía, quien vive en el ambiente de mi Voluntad está en el puerto de todas las riquezas,
y quien vive fuera de este ambiente de mi Voluntad, está en el puerto de todas las miserias, por
eso se dice en el Evangelio que a quien tiene le será dado, y a quien no tiene le será quitado
aquel poco que tiene, porque quien vive en mi Voluntad, estando en el puerto de todas las
riquezas, no es maravilla que se irá enriqueciendo siempre más con todos los bienes, porque
vive en Mí como en su propia casa, y Yo, teniéndolo en Mí, ¿seré acaso avaro? ¿No iré dándole
día con día, ahora un favor, ahora otro, y jamás cesaré de darle hasta en tanto que no le haya
participado todos mis bienes? Sí, ciertamente, en cambio quien vive en el puerto de las miserias,
fuera de mi Voluntad, ya por sí misma la propia voluntad es la más grande de las miserias y la
destructora de todo bien, ¿qué maravilla entonces que si tiene un poco de bien, no teniendo
contacto con mi Voluntad y viéndolo inútil en aquella alma le sea quitado?”
Nihil obstat
Canonico Hanibale
M. Di Francia
Eccl.
Deo Gratias.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926
409 sig