mientras las mismas virtudes que no tienen principio en el amor, son como tantas víctimas que
van a terminar al matadero, es decir, a la destrucción de las mismas virtudes”.
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6-109
Mayo 20, 1905
Modo de sufrir.
(1) Esta mañana estaba pensando cuando el bendito Jesús quedó todo dislocado sobre la
cruz, y decía entre mí: “¡Ah! Señor, cuán compenetrado pudiste quedar de estos atroces
sufrimientos, y cómo tu alma pudo quedar afligida”. Y mientras tanto, casi como una sombra ha
venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo no me ocupaba de mis sufrimientos, sino que me ocupaba de la finalidad de
mis penas, y como en mis penas veía cumplida la Voluntad del Padre, sufría, y en mi mismo
sufrir encontraba el más dulce reposo, porque el hacer la Voluntad Divina contiene este bien,
que mientras se sufre ahí se encuentra el más bello reposo; y si se goza, y este gozar no es
querido por Dios, en el mismo gozar se encuentra el más atroz tormento. Es más, cuanto más
me acercaba al término de las penas anhelando cumplir en todo la Voluntad de Padre, así me
sentía más aligerado y mi reposo se hacía más bello. ¡Oh! Cómo es diverso el modo que tienen
las almas, si sufren u obran no tienen ni la mira en el fruto que pueden recabar, ni el cumplimiento
de la Voluntad Divina, se concentran todas en la cosa que hacen, y no viendo los bienes que
pueden ganar, ni el dulce reposo que lleva la Voluntad de Dios, viven fastidiadas y atormentadas,
y rechazan cuanto más pueden el sufrir y el obrar, creyendo encontrar reposo y quedan más
atormentadas que al principio”.
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6-110
Mayo 23, 1905
Para no sentir turbaciones, el alma debe apoyarse bien en Dios.
(1) Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y sentía una persona en mis brazos
y la cabeza apoyada sobre el hombro, y yo no alcanzaba a ver quien era, por eso lo he jalado
con fuerza diciéndole: “Dime al menos quién eres”.
(2) Y Él: “Yo soy el todo”.
(3) Y yo al escuchar decir que era el todo, he dicho: “Y yo soy la nada. Mira Señor cuánta
razón tengo en querer que esta nada esté unida con el Todo, de otra manera será como un puño
de polvo que, el viento esparce”. Mientras estaba en esto, veía una persona que dudaba y
decía: “¿Por qué será que por cada mínima cosa se siente tanta turbación?” Y yo, por una luz
que venía del bendito Jesús he dicho: “Para no sentir turbaciones el alma debe fundirse bien
en Dios, y toda sí misma tender a Dios como a un solo punto, y ver las otras cosas con ojo
indiferente, pero si hace de otra manera, en cada cosa que haga, vea o sienta, el alma se sentirá
investida de un malestar, como de una fiebre que vuelve al alma toda apartada, turbada, sin
poderse entender ella misma.
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