la propia felicidad. Cada alma que entra en el puerto de la bienaventuranza eterna, no puede
estar exenta de este punto, doloroso, sí, pero necesario, ni puede hacer menos. Generalmente
lo hacen en el punto de la muerte, y el purgatorio les da la última mano, por eso si se pregunta
a las criaturas qué cosa es gusto de Dios, qué significa bienaventuranza divina, son cosas hasta
entonces desconocidas, y no saben articular palabra. Pero a mis almas queridas, no quiero,
habiéndose dado todas a Mí, que su bienaventuranza tenga principio allá en el Cielo, sino que
tenga principio acá en la tierra, y no sólo quiero llenarlas de la felicidad, de la gloria del Cielo,
sino que quiero llenarlas de los bienes, de los sufrimientos, de las virtudes que tuvo mi
Humanidad en la tierra, por eso las despojo no sólo de los gustos materiales, que el alma llega
a considerar como estiércol, sino también de los gustos espirituales, para llenarlas todas de mis
bienes y darles el principio de la verdadera bienaventuranza”.
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6-88
Diciembre 22, 1904
Por cuanto más el alma está vacía y es humilde,
tanto más la luz divina la llena y le comunica
sus gracias y perfecciones.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, veía al niño Jesús con un puño de luz en la mano,
y de los dedos le corrían los rayos fuera. Yo he quedado admirada y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, la perfección es luz, y quien dice querer alcanzarla no hace otra cosa que como
quien quisiera tomar en un puño un cuerpo de luz, que mientras hace por tomarlo, la misma luz
se le escapa por entre los dedos, sólo que la mano queda sumergida en la misma luz. Ahora,
la luz es Dios, y sólo Dios es perfecto, y el alma que quiere ser perfecta no hace otra cosa que
aferrar las sombras, las gotitas de Dios, y a veces no hace otra cosa que vivir sólo en la luz, esto
es, en la Verdad. Y así como la luz, por cuanto más vacío encuentra y cuanto más profundo es
el lugar, tanto más adentro se introduce, y así más espacio toma, así la luz divina, cuanto más
vacía y humilde es el alma, tanto más la luz la llena y le comunica sus gracias y perfecciones”.
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6-89
Diciembre 29, 1904
La debilidad humana es falta de vigilancia y de atención.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en los acontecimientos más
humillantes que sufrió Nuestro Señor, y en mí misma sentía horror, pero después decía entre
mí: “Señor, perdona a aquellos que te renuevan estos momentos dolorosos, porque es la mucha
debilidad que el hombre contiene”. Mientras estaba en esto, el bendito Jesús, en cuanto ha
venido me ha dicho: