(7) “Has comprendido como nadie me quiere, sin embargo esto es nada, dirijámonos a la clase
religiosa y veamos si me quieren”.
(8) Entonces me he encontrado en medio de sacerdotes, obispos, religiosas, consagrados; y
Jesús con voz sonora ha repetido: “Ecce Homo”.
(9) Y aquellos decían: “Lo queremos, pero queremos también nuestra conveniencia”. Otros:
“Lo queremos, pero junto con el interés”. Respondían otros: “Lo queremos pero unido a la
estima, al honor, ¿qué hace un religioso sin estima?” Replicaban otros: “Lo queremos, pero
unido a alguna satisfacción de criatura, ¿cómo se puede vivir solo y sin que nadie nos satisfaga?”
Y algunos llegaban a querer al menos la satisfacción en el sacramento de la confesión. Pero
solo, solo, casi ninguno lo quería, no faltando también que alguno no se ocupara de hecho de
Jesucristo.
(10) Entonces todo afligido me ha dicho: “Hija mía, retirémonos, has visto cómo ninguno me
quiere, o a lo más me quieren unido con alguna cosa que a ellos les agrada, Yo no me contento
con esto, porque el verdadero reinar es cuando se reina solo”.
(11) Mientras esto decía me he encontrado en mí misma.
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4-182
Marzo 9, 1903
Jesús habla de la humildad y de la correspondencia.
(1) Continuando mi habitual estado, oía que en mi interior el bendito Jesús rezaba diciendo:
(2) “Padre Santo, glorifica tu nombre, confunde y ocúltate a los soberbios y manifiéstate a los
humildes, porque sólo el humilde te reconoce por su Creador, y se reconoce como tu criatura”.
(3) Dicho esto no se dejó oír más, si bien yo comprendía la fuerza de la humildad ante Dios,
me parecía que no tiene ninguna duda en confiarle los más preciosos tesoros, más bien todo
está abierto para los humildes, ninguna cosa está bajo llave; todo lo contrario para los soberbios,
más bien parece que les pone un lazo en los pies para confundirlos a cada paso. Poco después
se ha hecho ver otra vez y me ha dicho:
(4) “Hija mía, si un cuerpo está vivo se conoce por el calor interno continuo, porque se puede
dar que mediante algún calor externo se pueda calentar, pero no viniendo de la verdadera vida
pronto vuelve a enfriarse. Así el alma, se puede conocer si está viva a la gracia si su vida interna
está viva en el obrar, en amarme, si siente la fuerza de mi misma vida en la suya; si en cambio,
es por cualquier causa aparente que se calienta, hace algún bien y después se enfría, regresa
a los vicios, comete las acostumbradas debilidades, hay una gran certeza de que está muerta a
la gracia, o bien está en los últimos extremos de la vida. Así se puede conocer si verdaderamente
soy Yo quien voy al alma, si siente mi gracia en su interior y todo su bien se funda en su interior;
si en cambio todo es externo y nada advierte en su interior de bien, puede ser obra del demonio”.
(5) Mientras esto decía ha desaparecido, pero poco después regresó y ha agregado:
(6) “Hija mía, qué terrible puede ser para las almas que han sido muy fecundadas por mi gracia
y no han correspondido. La nación hebrea, la más predilecta, la más fecundada, no obstante la
más estéril, y toda mi persona no produjo aquel fruto que produjo Pablo en las otras naciones
menos fecundadas, pero más correspondientes, porque la incorrespondencia a la gracia ciega
al alma, y la hace equivocarse y la dispone a la obstinación, aun frente a cualquier milagro”.
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