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4-146
Octubre 22, 1902
Amenazas para Italia.
(1) Esta mañana por pocos instantes ha venido mi adorable Jesús, todo indignado y me ha
dicho:
(2) “Cuando Italia haya bebido hasta el fondo las más fétidas suciedades, hasta ahogarse,
tanto que se dirá está muerta, está muerta, entonces resurgirá”.
(3) Después, estando más calmado ha agregado:
(4) “Hija mía, cuando Yo quiero una cosa de mis criaturas, infundo en ellas las disposiciones
naturales, en modo de cambiar la misma naturaleza para querer la cosa que quiero; por eso tú
tranquilízate en el estado en el que te encuentras”.
(5) Dicho esto ha desaparecido y yo he quedado pensativa acerca de lo que me ha dicho.
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4-147
Octubre 30, 1902
Jesucristo vino a unir nuevamente a Dios y al hombre.
(1) Esta mañana, encontrándome en un mar de aflicciones y de lágrimas por el abandono total
de mi sumo Bien, mientras me sentía consumir por el dolor, me he sentido perder la mente, y
veía a Jesús bendito que me sostenía la frente con su mano, y como una luz que contenía dentro
muchas palabras de verdad, y yo apenas recuerdo esto: Que nuestra humanidad desatando el
nudo de la obediencia que Dios había hecho entre Él y la criatura, se dispersó, y Jesucristo
tomando la naturaleza humana y haciéndose nuestra cabeza, vino a reunir a la humanidad
dispersa, y con su obediencia a los quereres del Padre vino a unir otra vez a Dios y al hombre.
Pero esta unión indisoluble es mayormente reforzada a medida de nuestra obediencia a los
quereres divinos.
(2) Después de esto no he visto más a mi amado Jesús, retirándose junto con Él la luz.
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4-148
Noviembre 1, 1902
La verdadera seriedad se encuentra en la religión, y la
verdadera religión consiste en mirar al prójimo
en Dios y a Dios en el prójimo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he sentido salir fuera de mí misma, y he
encontrado un niño que lloraba, y varios hombres, entre los cuales, uno más serio tomó una
bebida amarguísima y la ha dado a aquel niño que lloraba, el cual al pasarla ha sufrido tanto,
que parecía que se le cerraba la garganta. Yo, no sabiendo quién era, por compasión lo he
tomado en brazos diciéndole: “Y eso que es un hombre serio, y te ha hecho esto, pobrecito, ven
a mí que te quiero secar el llanto”.