encontraba, con ternura indecible, poniéndome su mano santísima sobre mi cabeza me ha
dicho:
(2) “Hija bendita, ánimo, no te abatas, mi Querer Divino quiere todo, porque sabe que un
pequeño acto, un deseo, una fibra de querer humano le arruinaría sus obras más bellas, el orden
divino, su santidad quedaría obstaculizada, su amor restringido, su potencia limitada, por eso no
tolera que ni siquiera una fibra de querer humano tenga vida; es verdad que es el sacrificio de
los sacrificios, ningún otro sacrificio puede igualar el peso, el valor, la intensidad del sacrificio de
vivir sin voluntad, tanto que se requiere la Vida perenne, el milagro continuado de mi Querer
Divino para poder resistir a este sacrificio, que frente a los otros, éstos se pueden llamar
sombras, cuadros pintados, juego de niños que lloran por una insignificancia, porque está el
querer humano que en las penas, en los encuentros dolorosos, en las obras, no se siente
deshecho, sin vida, sin satisfacciones, por eso los sacrificios se sienten, ¡oh! cuanto más ligeros,
pero vacíos de Dios, de santidad, de amor, de luz, de verdadera felicidad, y quizá ni siquiera
exentos de pecados, porque el querer humano sin el mío no puede hacer jamás cosas buenas
y santas. Además, si mi Fiat no tuviera virtud de tener consigo al querer humano sin darle vida,
más bien encerrar su Vida en él para hacer que no encuentre ni lugar ni tiempo de poder actuar,
no podría obrar con aquella ostentación, suntuosidad y pompa divina que Nosotros estamos
acostumbrados de hacer en nuestras obras; si en la Creación hubiera estado otra voluntad, nos
habría impedido la suntuosidad, la ostentación, la pompa divina que tuvimos en toda la Creación,
nos habría podido impedir la extensión del cielo, la multiplicidad de las estrellas, la vastedad de
la luz del sol, la variedad de tantas cosas creadas, nos habría puesto un límite. Por eso nuestro
Querer quiere estar solo para hacer lo que sabe y quiere hacer, por eso quiere la voluntad
humana consigo, concurrente, espectadora, admiradora de lo que quiere hacer en ella, pero
debe estar convencida, si quiere vivir en mi Voluntad, que la suya no puede actuar más y que
debe servir para encerrar la mía en la suya, para dejarla hacer con toda libertad sus obras, con
toda la suntuosidad, con la magnificencia de la gracia y con la pompa de sus variedades divinas.
La primera cosa que queremos es la libertad absoluta, queremos ser libres hija mía, sea
cualquiera el sacrificio que queremos y las obras que queremos hacer, si esto no fuera, el vivir
en mi Voluntad será un modo de decir, pero en realidad no existe”.
(3) El querido Jesús ha hecho silencio, y yo pensaba en todo lo que me había dicho y decía
entre mí: “Él tiene razón de que no puede el querer humano actuar ante la Santidad y Potencia
de la suya, y por sí mismo se pone en su puesto de nulidad, se requiere de mucho para obrar
ante una Voluntad Divina, se siente incapaz y ella misma le rogaría que no le diese la gran
desventura de hacerle formar un movimiento, una fibra del propio querer; pero mi cruz, y Tú
sabes en que laberinto me has puesto, me siento impedida y humillada hasta el polvo, tenía
necesidad y Tú sabes de quién, sin poderme yo misma ayudar, y no un día, un año, ¡oh! cómo
es duro, sé que sólo tu Querer me da la fuerza, la gracia, que por mí misma no habría podido
resistir”. Y sentía tal amargura de sentirme morir. Y mi siempre amable Jesús,
compadeciéndome me ha dicho:
(4) “Hija mía, cuando mi Divina Voluntad quiere hacer un acto completo en la criatura, y
¿sabes tú qué significa un acto completo de mi Voluntad? Significa acto completo de Dios, en
el cual encierra Santidad, Belleza, Amor, Potencia y Luz de hacer estremecer Cielos y tierra,
Dios mismo se debe sentir raptar, pero tanto, de formar su sede, su trono de gloria en este su
acto completo suyo, el cual servirá a Sí mismo y descenderá como benéfico rocío a favor de
todas las criaturas. Por eso para hacer este acto completo, debía disponer sobre ti una nueva
cruz, no dada a ningún otro, para madurarte y hacer surgir en ti las disposiciones que se
requerían, tú para recibir y Dios para hacer este acto suyo completo de su Voluntad; sin nada
no se hace nada, por eso tú para recibir y Nosotros para dar cosas nuevas debíamos disponer
cruces nuevas, que unidas al trabajo continuo de nuestro Querer, debía preparar todo para un
acto tan grande. Tú debes saber que mi Fiat no te ha dejado jamás, por eso tú sientes su dulce