sus gracias, su amor, su santidad; en su trabajo se siente feliz porque encuentra quién la corteja,
quién la asemeja y vive de su misma Voluntad Divina. Quien vive en Ella es su hija predilecta,
su preferida, su secretaria, se puede decir que en virtud de mi Querer Divino posee un imán
potente que atrae de tal manera las miradas de esta Madre Celestial, que no puede apartarlas
de ella, y la gran Señora para tenerla segura, trabaja poniéndole alrededor sus virtudes, sus
dolores, su amor y la misma Vida de su Hijo. Pero esto no es todo, Yo, tu Jesús, en cuanto veo
que el alma ha puesto a un lado su voluntad para vivir de la mía, me pongo a trabajar para formar
mis miembros; mi cabeza es santa y siento la necesidad de los miembros santos para apoyar
mi cabeza, y así poder comunicar su virtud en ellos, y ¿quién puede formarme los miembros
santos sino mi Voluntad? Por eso mi trabajo es incesante hacia quien vive en Ella, se puede
decir que me pongo en guardia dentro y fuera de ella, a fin de que ninguno entre para interrumpir
mi trabajo, y para formarme estos miembros repito el trabajo de concebirme de nuevo para
regenerarlos; renazco para hacerlos renacer; lloro, sufro, predico, muero, para comunicar mis
humores vitales y divinos en estos miembros, a fin de que queden fortificados y divinizados,
dignos de mi cabeza santísima, y ¡oh! mi contento, que si bien trabajo, repito mi Vida y formo
las repetidoras de Ella; ¿pero qué cosa no haría y daría en quien vive en mi Voluntad? Ella me
encierra en la criatura para hacerme trabajar y hacerme formar miembros dignos de mis manos
creadoras, y en cuanto el alma recibe mi trabajo, así me siento feliz y correspondido por la obra
de la Creación y Redención. Ahora, los ángeles, los santos, viendo al Padre Celestial, a la
Soberana Reina y a su Rey, todos atentos en trabajar en esta criatura, también ellos quieren
ayudarnos en el trabajo, y alineándose en torno a la afortunada criatura trabajan en defenderla,
alejan a los enemigos, la libran de los peligros y forman muros de fortaleza, a fin de que ninguno
la pueda molestar. Ve entonces como quien vive en mi Querer Divino da trabajo a todos, y todos
se ocupan de ella”.
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33-38
Mayo 26, 1935
El temor, virtud humana; el amor, virtud divina. La confianza
rapta a Jesús. Quien hace la Divina Voluntad se encuentra
con todas las obras divinas y queda confirmado en ellas.
(1) Si bien me siento abandonada en los brazos del Querer Divino, pero mi mente la sentía
llena de aprensiones y temores, pero los ofrecía a mi dulce Jesús a fin de que los invistiera con
su Fiat y me los cambiara en paz y amor, y Él haciéndome su breve visita, todo bondad me ha
dicho:
(2) “Hija mía bendita, el temor, aun cuando sea santo, es siempre virtud humana, rompe el
vuelo del amor y hace nacer el miedo y el cansancio al caminar en el camino del bien, hace
mirar siempre a derecha e izquierda, y llega a temer de Aquél que tanto la ama, quita el dulce
encanto a la confianza que la hace vivir en los brazos de su Jesús, y si teme demasiado pierde
a Jesús y la hace vivir de sí misma. En cambio el amor es virtud divina, y con su fuego tiene la
virtud purificadora de purificar al alma de cualquier mancha, la une y la transforma en su Jesús,
y le da tal confianza, de hacerse raptar por su Jesús, el dulce encanto de la confianza es tal y
tanto, que se raptan recíprocamente, y uno no puede estar sin el otro, y si mira, mira sólo si ama
a Aquél que tanto la ama. Así que todo su ser viene encerrado en el amor, y como el amor es
hijo inseparable del Querer Divino, por eso da el primer puesto de dominio a mi Divina Voluntad.
Ella se extiende en todos los actos de la criatura, humanos y espirituales, ennoblece todo, y si
bien los actos humanos quedan en la forma y materia de la cual son formados, no sufren ningún
cambio externo, todo el cambio queda en el fondo de la voluntad humana, quedando todo lo que
2014 sig