nada todo se deja hacer, y nada pierde de los bienes que recibe. Mientras esto pensaba, mi
dulce Jesús haciéndome su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando el alma vive en mi Divina Voluntad, deja sus despojos, se vacía de todo,
de modo que queda la pura nada, y mi Querer la inviste, la llena del Todo, la domina y forma en
ella los prodigios de santidad, de gracia, de belleza, dignos de su potencia creadora. Pero lo
que es más, en este vacío de la nada genera su amor, y ahí forma su Vida Divina, y se vuelve
dominadora de la nada y de su misma Vida Divina formada en ella, y ¡oh! su amor por esta nada
llega a tanto, que la vuelve al mismo tiempo dominadora junto con el Fiat Supremo, y como su
dominio le viene del Todo que posee, siente su misma virtud dominadora, y domina a la misma
Divina Voluntad, así que ambas son dominantes, pero con sumo acuerdo, poseyendo un solo
amor y una sola Voluntad. El querer humano siente su vida en la mía, y no hace nada si no
siente mi acto obrante que quiere obrar, para hacerlo junto, y la mía siente mi Vida en la suya,
y con su dominio se impone sobre la nada para hacerla obrar en el Todo. Así que en cuanto la
criatura se decide con una firme voluntad a vivir en la mía, mi Querer da principio a formar su
Vida en ella, no hay voluntad que no posea su vida, por medio de la cual desarrolla su bondad,
su potencia, su santidad, la plenitud de su amor; la vida es la manifestación de la voluntad que
posee, es el vestido que la cubre, es el sonido de su voz, es la narradora de sus maravillas, de
su infinitud, de su potencia, por eso mi Divina Voluntad no se contenta con hacer vivir a la criatura
en Ella, la nada en el Todo, no, no, sólo se contenta cuando encierra el Todo en el nada y ahí
forma su Vida obrante y dominadora, y hace de la nada lo que quiere. He aquí el por qué cuando
te hablo de mi Voluntad, es tu Jesús que te habla, porque Yo soy su Vida, su voz, su
representante, el narrador de mi Fiat que esconde en Mí. Por esto el prodigio más grande es
formar mi Vida Divina en la nada de la criatura, y que sólo mi Querer tiene esta virtud, porque
poseyendo la fuerza creadora, se puede crear a Sí misma, su Vida en quien la quiere recibir.
Ahora, poseyendo mi Vida, el alma toma parte en mi santidad, en mi amor, y ¡oh! cómo es bello
oír que la nada dice junto con el Todo, amor, gloria y con la fuerza dominadora que siente, se
difunde en los actos divinos y domina junto con mi Voluntad. Para Nosotros no hay contento
mayor que sentir la nada obrante y dominante en nuestro Ser Divino, por eso sé atenta de vivir
siempre en mi Voluntad”.
(3) Después de esto seguía mi giro en la Divina Voluntad, y habiendo llegado a la Inmaculada
Concepción, mi dulce Jesús me ha detenido diciéndome:
(4) “Hija mía, quiero hacerte penetrar más adentro en la Inmaculada Concepción de mi Madre
Santísima, sus prodigios, cómo amó a su Creador y cómo por amor nuestro amó a todas las
criaturas. La pequeña Reina en el acto de quedar concebida, comenzó su vida junto con la
Divina Voluntad, y por lo tanto junto con su Creador, por eso sentía toda la fuerza, la inmensidad,
el ímpetu del amor divino, y era tanto, que se sentía perdida, ahogada de amor, y no sabía hacer
otra cosa que amar a Aquél que tanto la amaba, se sentía amada, pero tanto, hasta darle su
Voluntad en su poder para tenerla como vida propia, que se puede llamar el más grande amor
de Dios, el amor más heroico, el amor que sólo puede decir: ‘No tengo más que darte, todo te
he dado’. Y la pequeña Reina se servía de esta Vida para amarlo por cuanto era amada, no
perdía un instante sin amarlo y trataba de igualarlo en amor. Ahora, nuestra Voluntad Divina
que posee la omnividencia de todo, nada le esconde, hizo presente a esta Santa Criatura todas
las humanas generaciones, cada culpa que habían hecho y que debían hacer, y desde el primer
instante de su Concepción, la celestial pequeña, que no conocía otra vida que la sola Voluntad
Divina, comenzó a dolerse con dolor divino por cada culpa de criatura, tanto, que formaba en
torno a cada culpa de ellas un mar de amor y dolor divino. Mi Voluntad que no sabe hacer cosas
pequeñas, formaba en su bella alma mares de dolor y de amor por cada culpa y por cada
criatura, por eso la santa Virgencita desde el primer instante de su vida, era Reina de dolor y de
amor, porque nuestra Voluntad que todo puede, le daba tal dolor y amor, que si no la hubiera
sostenido con su potencia, habría muerto por cada culpa y tantas veces consumida de amor por
2012 sig