animada o inanimada, que no comience la vida cumpliendo nuestra Voluntad y dándonos su
tributo. La Creación toda no es otra cosa que un acto solo de nuestra Voluntad, está en su
puesto regio, y si bien inconsciente, también Ella tiene su Vida obrante de luz en el sol, su Vida
obrante de fuerza e imperio en el viento, Vida obrante de inmensidad en la inmensidad del
espacio, en cada cosa creada desarrolla su Vida, y tiene en su regazo a todos y a todo, de modo
que ninguno se puede mover, ni hacer un movimiento si no lo quiere, y los velos de las cosas
creadas nos dan el tributo continuo y la gran gloria del gran honor porque vienen dominadas por
nuestra Voluntad. Ahora queda la criatura, ¿quién puede decir, quitada la mancha original, que
el recién nacido no es inocente y santo? ¿Y si se agrega el Bautismo, un periodo de la vida del
niño, hasta en tanto el pecado actual no entra en su alma, no sea el niño un acto de mi Voluntad?
Y si camina, si habla, si piensa, si mueve sus manitas, queridos y dispuestos todos estos
pequeños actos por mi Voluntad, ¿no son tributo y gloria que recibimos? Quizá sean
inconscientes, pero mi Voluntad recibe de aquella pequeña naturaleza lo que Ella quiere, es sólo
el pecado el que hace perder la santidad y pone fuera de la criatura la Vida obrante de mi
Voluntad, porque si no hay pecado, Nosotros la llevamos en el regazo, la circundamos de
nuestra santidad, y por eso no podrá hacer menos de sentir en ella la Vida obrante de mi
Voluntad. Ve entonces cómo todos y todo tienen principio y nacen junto con mi Voluntad
inocentes, santos y dignos de Aquél que los ha creado, pero ¿quién conserva esta inocencia y
santidad? Quien está siempre en su puesto en mi Voluntad, ella sola es la triunfadora en el
espacio del universo, es la abanderada y reúne todo el ejército de la Creación para llevarle a
Dios con voz hablante y con pleno conocimiento la gloria, el honor y el tributo de todo y de todos.
Por eso se puede decir que mi Voluntad es todo para la criatura, es su primer acto de nacer, es
la continuación de su conservación, no la deja jamás, o por vía de amor o por vía de gracia, o
por vía de obras obrantes, así como quien de voluntad vive y conoce que vive en Ella, y si el
pecado la arrolla tampoco la deja, la envuelve con su dominio en su justicia castigadora, así que
la criatura y todas las cosas son inseparables de mi Voluntad, por eso lo que más te importe sea
mi Voluntad, reconócela como vida, como madre que te hace crecer y te alimenta y quiere formar
de ti su más grande gloria y honor”.
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33-24
Julio 24, 1934
Dios ha establecido las verdades que debe manifestar sobre la
Divina Voluntad. Ella biloca, repite, acecha la Vida Divina.
Cómo la Creación no terminó, sino que continúa.
(1) Me sentía toda inmersa en el Querer Divino, todas las verdades que le pertenecen y que
me han sido manifestadas, se agolpaban en mi mente, y querían decir y decir para hacerse
conocer. Pero ¡ay de mí! Su hablar era de Cielo, demasiado alto, muchas palabras me faltan
para poder repetir sus lecciones celestiales, sólo oía que eran portadoras de santidad de Cielo
y de alegrías divinas. Pero mientras me sentía toda inmersa en el Fiat, mi siempre amable
Jesús, con un amor indecible me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, como a hija suya siento la necesidad de amor de que la
hija conozca sus secretos; si no hiciera esto frecuentemente quedaría sofocado por las olas
altísimas de amor que salen de Mí, así que el hablarte de mi Voluntad es para Mí refrigerio, es
alivio, es bálsamo, que mitigan mis llamas para no hacerme quedar sofocado y quemado por mi
amor. Soy Jesús todo amor, y mi más grande amor lo manifiesto hablando de mi Querer Divino.
¿Pero sabes por qué? La esencia de nuestra Vida viene reconocida con hablar de Él, y mi Fiat
en mi palabra biloca y repite nuestra Vida en medio a las criaturas, no hay gloria más grande