(5) Y yo: “Conozco que mi debilidad es grande, pero Tú me darás gracia y fuerza, y así tendré
éxito en contenerlo en mí”. Comprendía que ese alimento nauseante eran las impurezas, lo
insípido, las obras buenas malamente hechas, todas deterioradas, que a Nuestro Señor le son
más bien de fastidio, de peso y casi desdeña recibirlas, porque no pudiendo soportarlas las
quiere arrojar de su boca. ¡Quién sabe cuántas de las mías estaban ahí! Entonces, como
obligado por mí ha derramado también un poco de aquel alimento. ¡Cuánta razón tenía Jesús,
que era más tolerable lo amargo que aquel alimento nauseante e insípido! ¡Si no fuese por su
amor, a ningún costo lo habría aceptado!
(6) Después de esto, el bendito Jesús me ha puesto el brazo detrás del cuello, y apoyando su
cabeza sobre mi hombro se ha puesto en actitud de tomar reposo. Mientras reposaba me he
encontrado en un lugar donde había por piso muchas tablas móviles, y abajo el abismo. Yo,
temiendo precipitarme, lo desperté, invocando su ayuda, y Él me ha dicho:
(7) “No temas, es el camino que todos recorren. No se necesita otra cosa que toda la atención,
y como la mayor parte caminan distraídos, esta es la causa por la que muchos se precipitan al
abismo, y pocos son lo que llegan al puerto de la salvación”.
(8) Después de esto ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí misma.
+ + + +
Deo Gratias.
Nihil obstat
Canonico Annibale
M. Di Francia
Eccl.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926
197 sig