3-104
Agosto 1, 1900
La Humanidad de Jesús es el espejo de la Divinidad. Castigos.
(1) Continúa mi adorable Jesús viniendo poquísimas veces y por poco tiempo. Esta mañana
me sentía toda aniquilada y casi no me atrevía a ir en busca de mi sumo Bien; pero Él siempre
benigno ha venido, y queriéndome infundir confianza me ha dicho:
(2) “Hija mía, ante mi Majestad y pureza no hay quien pueda estar de frente, más bien todos
están obligados a estar por tierra y golpeados por el fulgor de mi Santidad. El hombre quisiera
casi huir de Mí, porque es tal y tanta su miseria, que no tiene valor para sostenerse delante del
Ser Divino. Entonces haciendo uso de mi misericordia asumí mi Humanidad, la que atenuando
los rayos de la Divinidad, es medio para infundir confianza y ánimo al hombre para venir a Mí,
el cual poniéndose de frente a mi Humanidad, que expande rayos atenuados de la Divinidad,
tiene el bien de poderse purificar, santificar y hasta divinizar en mi misma Humanidad deificada.
Por eso tú estate siempre de frente a mi Humanidad, teniéndola como espejo en el cual limpiarás
todas tus manchas; y no sólo esto, sino como espejo en el cual reflejándote adquirirás la belleza,
y poco a poco irás adornándote a semejanza de Mí mismo, porque es propiedad del espejo
hacer aparecer dentro de sí la imagen similar a aquella de quien se mira en él; si así es el espejo
material, mucho más es el divino, porque mi Humanidad sirve al hombre como espejo para mirar
mi Divinidad. He aquí por esto que todos los bienes para el hombre derivan de mi Humanidad”.
(3) Mientras esto decía, me sentía infundir tal confianza, que me ha venido el pensamiento de
quererle hablar de los castigos, tal vez me escuchara y haría el intento de aplacarlo del todo.
Pero mientras me disponía a esto, como rayo ha desaparecido, y mi alma corriendo detrás de
Él se ha encontrado fuera de mí misma; pero no lo he podido reencontrar más, y con suma
amargura mía he visto muchas personas que iban a las cárceles, a otros sectarios que salían
para atentar contra otras vidas de reyes y de otros jefes; veía que se carcomían de rabia porque
les falta el medio para salir entre los pueblos y hacer matazón, sin embargo llegará su tiempo.
Después de esto me he encontrado en mí misma, toda oprimida y afligida.
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3-105
Agosto 3, 1900
Dios obra sólo sobre la nada.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba deseando y buscando a mi amante Jesús.
Después de haberlo esperado largamente, ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué me buscas fuera de ti, mientras que podrías encontrarme más
fácilmente dentro de ti? Cuando tú me quieras encontrar entra en ti, llega hasta tu nada y ahí,
sin ti, en el brevísimo giro de tu nada descubrirás los cimientos que ha puesto en ti y las
construcciones que ha levantado en ti el Ser Divino. Esfuérzate y ve”.
(3) Yo he mirado y he visto los sólidos cimientos y los muros altísimos que llegaban hasta el
cielo, pero lo que más me asombraba era que veía que el Señor había hecho este gran trabajo
sobre mi nada, y los muros estaban todos cerrados, sin ninguna abertura. Se veía sólo en el
techo una abertura que correspondía al Cielo, y en esta abertura residía nuestro Señor, sobre
de una columna estable que sobresalía de los cimientos formados sobre la nada. Ahora,
mientras estaba toda asombrada mirando, el bendito Jesús ha agregado: