éxtasis de amor, raptados como estábamos, no nos ocupábamos de nada, no se ponían límites,
desahogábamos tanto en el amarlo y en enriquecerlo de todos los bienes, que no le dejamos
ningún vacío, a fin de que su amor fuese pleno para Nosotros, y así nos pudiera raptar para
amarlo continuamente; por eso el sólo recuerdo de como fue creado el hombre, nos repite
nuestro éxtasis amoroso hacia él. Ahora, quien gira en nuestra Voluntad, en cuanto encuentra
nuestras obras, que fueron como preparativo para después crear al hombre, toca la campana
para llamar a todas las criaturas a reconocer este amor de Dios hacia el hombre, y su dulce
sonido llama nuestra atención, reaviva nuestro amor, y hace surgir en Nosotros nuestro éxtasis
de amor hacia él. Éxtasis significa volcarse totalmente sobre quien se ama, y quien viene en
nuestra Voluntad, tiene la fuerza de hacernos sufrir nuestro éxtasis de amor a fin de que nos
volquemos en ella, y Nosotros ponemos con nuestra potencia a la criatura en éxtasis para
Nosotros, a fin de que nada le quede, y toda se vuelque en nuestro Ser Supremo. Acontece un
volcarse recíproco, el uno en el otro, por ello no hay cosa que nos guste más, que ver a la
criatura en aquella misma Voluntad en la que fue creado. Contemplar nuestras obras,
conocerlas, sentir los latidos de nuestro amor que cada cosa creada posee, era el ajuar que
preparábamos y dábamos al hombre al crear tantas cosas y toda la Creación. Ahora, ¿quién
recibe la vida del bien que las cosas creadas contienen? Quien hace uso de este ajuar tan
espléndido, y con derecho; quien las conoce, y conociéndolas encuentra nuestro amor
palpitante, nuestra Voluntad obrante, y las ama y ama en ellas a aquel Ente Supremo que tanto
la ama. Por eso sé atenta y constante en el girar en nuestras obras, a fin de que nos demos la
mano en el amarnos, nos pongamos mutuamente en éxtasis, y con provecho harás uso del gran
ajuar que con tanto amor te ha dado tu Creador”.
(3) Después, mi pequeña mente se extendía en los actos hechos por la Divina Voluntad, y
pasando de un acto al otro, llegué a la Concepción de la Virgen Santísima. ¡Oh Dios! Los Cielos
quedan mudos ante este acto cumplido de la Divina Voluntad; los ángeles parecen tartamudos,
y por cuanto dicen, parece que no saben decir todo sobre este prodigio tan grande. ¡Ah! sólo
Dios puede hablar de él, porque es el autor del prodigio que obró en esta Concepción. Y
mientras yo permanecía maravillada, mi amable Jesús sorprendiéndome me ha dicho:
(4) “Hija mía, la Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de nuestra Voluntad,
nuevo en el modo, nuevo en el tiempo, nuevo en la gracia; en Ella fue renovada toda la Creación.
En nuestra Omnividencia e inmensidad llamamos a todas las criaturas, todos sus actos buenos
presentes, pasados y futuros como si fuesen uno solo, a fin de que sobre todos y sobre todo
fuese formada esta Concepción, para dar el derecho a todos, y darles el derecho no con las
palabras, sino con los hechos sobre todo. Cuando nuestra Voluntad hace un acto que debe
servir al bien universal de todos, no hace a ninguno a un lado, y haciendo uso de su
Omnipotencia reúne todo junto, criaturas y sus actos, fuera del pecado, porque el mal no entra
en nuestros actos, y cumple el acto que quiere hacer. Mira, tus actos también contribuyeron,
pusiste tu parte, por ello con derecho eres su hija, y la Virgen Reina con derecho es tu Mamá.
¿Pero sabes por qué tenemos este modo de sacar a la luz a esta Santa Criatura? Para renovar
a toda la Creación, para amarla con nuevo amor y para poner al seguro a todos y todo bajo las
alas de esta Criatura y Madre Celestial. Nuestras obras no las hacemos jamás aisladas, sino
que partimos siempre de nuestro acto único y solo, y mientras es único une todo y hace todo
como si fuese uno solo. Es esta nuestra Omnipotencia, nuestra fuerza creadora, en un solo acto
hacer todo, encontrar todo, y hacer bien a todos”.
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1888 sig