semilla. Así los actos de las criaturas, si en el acto ha estado un fin bueno, una finalidad santa,
para agradarme, para amarme, en cada uno de los actos se verá: en uno el germen de la
bondad, en otro el germen de la santidad, el germen de agradarme, el germen de amarme; estos
gérmenes no son luz, pero simbolizan: quién la flor, quién el fruto, quién una plantita y quién
una gema preciosa, y Yo siento el homenaje de la flor, del fruto, y así de lo demás, pero no el
homenaje que me puede dar un Sol; y recogiendo tú todos estos actos para encerrarlos en mi
Fiat, quedan tal como son, cada uno la naturaleza que la semilla le ha dado, y se ven que son
actos que puede hacer la criatura, no actos que puede hacer mi Divina Voluntad con su germen
de luz en el acto de ellas. El germen de Voluntad Divina no viene cedido por Ella, sino cuando
la criatura vive en Ella, y en sus actos le da el primer puesto de honor”.
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28-6
Marzo 24, 1930
La criatura no es otra cosa que efecto de los reflejos de Dios.
Amor de Dios al crearla. La firmeza en repetir los mismos
actos, forma en el alma la vida del bien que se quiere.
(1) Estaba haciendo el giro en el Fiat Divino para seguir todos sus actos, y habiendo llegado
al Edén, comprendía y admiraba el acto magnánimo de Dios, y su amor exuberante y rebosante
en la creación del hombre, y mi siempre amable Jesús, no pudiendo contener sus llamas de
amor me ha dicho:
(2) “Hija mía, nuestro amor se apasionó tanto en el acto en que creamos al hombre, que no
hicimos otra cosa que reflejar sobre él, a fin de que fuese obra digna de nuestras manos
creadoras, y conforme nuestros reflejos llovían sobre él, así en el hombre le venía infundida la
inteligencia, la vista, el oído, la palabra, el latido en el corazón, el movimiento a las manos, el
paso a los pies. Nuestro Ser Divino es purísimo espíritu, y por eso no teníamos sentidos, en el
conjunto de todo nuestro Ser Divino somos luz purísima e inaccesible, esta luz es ojo, es oído,
es palabra, es obra, es paso. Esta luz hace todo, mira todo, siente todo, escucha todo, se
encuentra por todas partes, ninguno puede huir del imperio de nuestra luz. Por eso, mientras
creamos al hombre fue tanto nuestro amor, que nuestra luz llevando nuestros reflejos sobre él
lo formaba, y formándolo le llevaba los efectos de los reflejos de Dios. Ve entonces hija mía con
cuánto amor fue creado el hombre, hasta llegar a deshacerse nuestro Ser Divino en reflejos
sobre él, para comunicarle nuestra imagen y semejanza; ¿se podía dar amor más grande? No
obstante se sirve de nuestros reflejos para ofendernos, mientras que se debía servir de estos
nuestros reflejos para venir a Nosotros, y con estos reflejos dados por Nosotros decirnos: Cuán
bello me creó tu amor, y yo por correspondencia te amo, te amaré siempre, y quiero vivir en la
luz de tu Divina Voluntad”.
(3) Después continuaba a seguir los actos en el Fiat Divino, y pensaba entre mí: “Estoy
siempre aquí, repetir, repetir siempre la larga historia de mis actos en el Querer Divino, la larga
cantaleta de mi ‘te amo’, ¿pero cuáles son los efectos? ¡Oh! si pudiese obtener que la Divina
Voluntad fuese conocida y reinase sobre la tierra, al menos me sería de ganancia”. Pero
mientras esto pensaba, mi amado Jesús me ha estrechado a su corazón divino y me ha dicho:
(4) “Hija mía, la firmeza en el pedir forma la vida del bien que se pide, dispone al alma a recibir
el bien que quiere, y mueve a Dios a dar el don que se pide. Mucho más que con los tantos
actos repetidos y oraciones que ha hecho, ha formado en sí la vida, el ejercicio, la costumbre
del bien que pide. Dios, vencido por la firmeza del pedir le hará el don, y encontrando en la
criatura, en virtud de sus actos repetidos, como una vida del don que le hace, convertirá en