vacío de tus actos si no lo sigues, así sentirías tú el vacío de sus actos en tu voluntad, y te
sentirías sola, sin la compañía de mi Voluntad Divina que ama el ocuparte tanto, para no hacerte
sentir más que tu querer vive en ti”.
+ + + +
27-7
Octubre 18, 1929
Belleza de la Creación. Dios está, para quien vive en la Divina
Voluntad, en acto de crear siempre. La criatura que vive
en el Querer Divino duplica su amor hacia Dios.
Los dos brazos: Inmutabilidad y firmeza.
(1) Me sentía en la inmensidad de la luz del Fiat Divino, y en esta luz se veía alineada toda la
Creación como parto de Él, que queriéndose recrear de sus obras, parecía como si estuviese
en acto de crearlas y de hacerlas siempre con el conservarlas; y mi amable Jesús, saliendo de
dentro de mi interior en acto de mirar la Creación para glorificarse por medio de sus obras, me
ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo es bella la Creación, cómo nos glorifica, cómo alaba la potencia de nuestro
Fiat; no es otra cosa que un acto solo de nuestro Querer Divino, y si se ven tantas cosas distintas
la una de la otra, no son otra cosa que los efectos de su único acto que jamás cesa y que
contiene su acto obrante continuo. Y como nuestro acto posee en naturaleza, como propiedad
toda suya: luz, inmensidad, imperio y multiplicidad de efectos innumerables, por eso no es
maravilla que en cuanto nuestro Fiat formó su único acto, salieron inmensidad de cielo, sol
brillantísimo, vastedad de mar, viento imperante, belleza de flores, especies de todo género,
potencia, que como si fuera un soplo ligero, con él mantiene suspendida a toda la Creación
como una pequeña pluma, sin ningún apoyo, encerrada sólo en su fuerza creadora. ¡Oh
potencia de mi Fiat, cómo eres insuperable e inalcanzable! Ahora, tú debes saber que sólo en
el alma donde reina mi Querer Divino, siendo que Él reina en toda la Creación, lo que hace el
alma se une al acto único que hace mi Querer en la Creación, para recibir el depósito de todo el
bien que fue hecho en ella, porque esta gran máquina del universo fue hecha para darla a la
criatura, pero a aquélla que habría hecho reinar a nuestro Querer Divino; es justo que no
salgamos de nuestra finalidad prefijada, y que la criatura reconozca y reciba nuestro don; ¿pero
cómo puede recibirlo si no está en nuestra casa, esto es, en nuestra Divina Voluntad? Le faltaría
la capacidad de recibirlo y el espacio dónde contenerlo, por eso sólo quien posee mi Querer
Divino puede recibirlo. Él se deleita con su único acto, como si estuviese en acto de crear por
amor de ella, le hace sentir su acto continuo de crear el cielo, el sol, y todo, y le dice: ‘¡Mira
cuánto te amo, sólo por ti continúo creando todas las cosas, y para tener de ti la correspondencia
me sirvo de tus actos como materia para extender el cielo, como materia de luz para formar el
sol, y así de todo lo demás; por cuantos más actos hagas en mi Fiat, tanta más materia me
suministras para formar en ti cosas más bellas!’ Por eso tu vuelo en mi Querer no se detenga
jamás, y yo tomaré ocasión para siempre obrar en ti”.
(3) Después de esto continuaba mis actos en el Querer Divino, y haciendo míos todos sus
actos hechos en la Creación y Redención, los ofrecía a la Divina Majestad como el más bello
don que pudiera darle como correspondencia de mi amor, y decía entre mí: “¡Oh! cómo quisiera
tener un cielo, un sol, un mar, una tierra florida, y todo lo que existe, todo mío, para poder dar a
mi Creador un cielo mío, un sol que fuese mío, un mar y una floritura, que le dijeran te amo, te