mira, si el alma se decide a hacer siempre, siempre mi Divina Voluntad y vivir en Ella, cambiará
su suerte y mi Divina Voluntad se lanzará sobre la criatura, la hará su presa y dándole el beso
de la Creación cambiará aspecto y modo, y estrechándola a su seno le dirá: ‘Pongamos todo a
un lado, para ti y para Mí han regresado los primeros tiempos de la Creación, todo será felicidad
entre tú y Yo, vivirás en nuestra casa, como hija nuestra, en la abundancia de los bienes de tu
Creador.’ Escucha mi pequeña recién nacida de mi Divina Voluntad, si el hombre no hubiese
pecado, no se hubiese sustraído de mi Divina Voluntad, Yo habría venido a la tierra, pero ¿sabes
como? Lleno de Majestad, como cuando resucité de la muerte, que si bien tenía mi Humanidad
similar al hombre, unida al Verbo Eterno, pero con qué diversidad mi Humanidad resucitada era
glorificada, vestida de luz, no sujeta ni a sufrir, ni a morir, era el divino triunfador. En cambio mi
Humanidad antes de morir estaba sujeta, si bien voluntariamente, a todas las penas, es más, fui
el hombre de los dolores. Y como el hombre tenía aún los ojos ofuscados por el querer humano,
y por eso aún enfermo, pocos fueron los que me vieron resucitado, lo que sirvió para confirmar
mi Resurrección. Después subí al Cielo para dar tiempo al hombre de tomar los remedios y las
medicinas, a fin de que curase y se dispusiera a conocer mi Divina Voluntad, para vivir no de la
suya, sino de la mía, y así podré hacerme ver lleno de majestad y de gloria en medio a los hijos
de mi reino. Por eso mi Resurrección es la confirmación del Fiat Voluntas Tua come in Cielo
così in terra. Después de un tan largo dolor sufrido por mi Divina Voluntad por tantos siglos, por
no tener su reino sobre la tierra, su absoluto dominio, era justo que mi Humanidad pusiera a
salvo sus derechos y realizase mi y su finalidad primaria, la de formar su reino en medio a las
criaturas.
(3) Además de esto, tú debes saber, para confirmarte mayormente, cómo la voluntad humana
cambió su suerte y la de la Divina Voluntad con relación a él. En toda la historia del mundo sólo
dos han vivido de Voluntad Divina sin jamás hacer la suya, y fuimos la Soberana Reina y Yo, y
la distancia, la diversidad entre Nosotros y las otras criaturas es infinita, tanto, que ni siquiera
nuestros cuerpos quedaron sobre la tierra, habían servido como morada al Fiat Divino y Él se
sentía inseparable de nuestros cuerpos y por eso los reclamó, y con su fuerza imperante raptó
nuestros cuerpos junto con nuestras almas en su patria celestial. ¿Y por qué todo esto? Toda
la razón está en que jamás nuestra voluntad humana tuvo un acto de vida, sino que todo el
dominio y el campo de acción fueron sólo de mi Divina Voluntad. Su potencia es infinita, su
amor es insuperable”.
(4) Después de esto ha hecho silencio y yo sentía que nadaba en el mar del Fiat y, ¡oh,
cuántas cosas comprendía, y mi dulce Jesús ha agregado:
(5) “Hija mía, con no hacer mi Divina Voluntad, la criatura pone en desorden el orden que tuvo
la Divina Majestad en la Creación, se deshonra a sí misma, desciende en lo bajo, se pone a
distancia con su Creador, pierde el principio, el medio y el fin de aquella Vida Divina que con
tanto amor le fue infundida en el acto de ser creada. Nosotros amábamos tanto a este hombre,
que poníamos en él, como principio de vida a nuestra Divina Voluntad, queríamos sentirnos
raptar por él, queríamos sentir en él nuestra fuerza, nuestra potencia, nuestra felicidad, nuestro
mismo eco continuo, y ¿quién más podía hacernos sentir y ver todo esto, sino nuestra Divina
Voluntad bilocada en él? Queríamos ver en el hombre al portador de su Creador, el cual debía
volverlo feliz en el tiempo y en la eternidad. Por eso al no hacer nuestra Divina Voluntad,
sentimos a lo vivo el gran dolor de nuestra obra desordenada, nuestro eco apagado, nuestra
fuerza raptora que debía raptarnos para darle nuevas sorpresas de felicidad se convirtió en
debilidad, en suma, se trastornó. He aquí por qué no podemos tolerar tal desorden en nuestra
obra, y si tanto he dicho sobre mi Fiat Divino, es propiamente ésta la finalidad, que queremos
poner al hombre en el orden, a fin de que regrese sobre los primeros pasos de su creación, y
corriendo en él el humor vital de nuestro Querer, forme de nuevo a nuestro portador, nuestra
morada sobre la tierra, su y nuestra felicidad”.
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