en cuanto obra en Él adquiere el soplo, y soplando junto con mi Fiat mantiene siempre en vida
lo que una vez fue hecho, es más, tiene virtud de vivificar y llamar a vida a los tantos actos de
mi Voluntad, a los cuales la voluntad humana ha dado la muerte; porque Ella tiene un acto
continuado para dar a las criaturas, y cuando estas no han hecho mi Querer, estos actos están
muertos para ellos, y quien vive en Él tiene virtud de vivificarlos y conservarlos en vida”.
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25-30
Marzo 13, 1929
Cómo el amor divino rebozó en la Creación.
La Divina Voluntad no sabe hacer cosas a intervalos.
Cada privación de Jesús es un nuevo dolor.
(1) Siento en mí una fuerza, una potencia divina que me atrae continuamente al eterno Querer,
como si me quisiera en continua compañía con sus actos para dar a su pequeña recién nacida
la vida de estos actos, y tener el placer de sentírselos repetir o bien de repetirlos junto con ella.
Parece que el Fiat Divino goza tanto, festeja, cuando ve en sus brazos de luz a la pequeña
recién nacida, o para decirle alguna cosa de su larga historia, o para hacerla repetir junto con Él
lo que hace, y el Fiat Divino siente toda la alegría, la felicidad, por haber puesto fuera a la
Creación. Después, su luz ha transportado mi pequeña inteligencia al Edén, en el acto cuando
nuestro Creador creaba en un ímpetu de amor la vida del amor en Adán, para amarlo siempre
sin cesar jamás, como de hecho no cesó jamás, y para ser amado por él con un amor incesante;
quiso amarlo con un amor que jamás dice basta, pero quería ser amado. Ahora, mientras mi
mente se perdía en el amor del Creador y de la criatura, mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, en el primer acto de la creación del hombre, nuestro amor regurgitó tan fuerte y
levantó tan en alto sus llamas, que hizo oír sus voces arcanas, tan fuertes y penetrantes, que se
sintieron investidos el cielo, las estrellas, el sol, el viento, el mar, y todo, por voces misteriosas
que gritaban sobre la cabeza del hombre: ‘Te amo, te amo, te amo’. Estas voces arcanas y
potentes llamaban al hombre, y él sacudido como por un dulce encanto y sintiéndose raptar por
cada te amo de Aquél que lo había creado, en su arrebato de amor gritaba también él, en el sol,
en el cielo, en el mar y en todo: ‘Te amo, te amo, te amo, oh mi Creador’. Nuestra Divina
Voluntad que dominaba en Adán, no lo dejaba perder nada, ni siquiera un te amo nuestro que
él no respondiese con el suyo; era un amor, un dulce encanto el oírlo, porque la potencia de
nuestro Fiat Divino tomaba sobre las alas de su luz el te amo de nuestro hijo, el amado joyel de
nuestro corazón, e invadiendo a toda la Creación nos hacía oír en cada cosa creada su te amo
continuado, como el nuestro. Nuestra Divina Voluntad no sabe hacer cosas a intervalos e
interrumpidas, sino continuas. Mientras Adán poseyó su amada heredad de nuestro Fiat, poseyó
su acto continuo, se puede decir que hacía competencia con Nosotros, que cuando hacemos un
acto no se interrumpe jamás, por eso todo era armonía entre él y Nosotros, armonía de amor,
de belleza, de santidad, nuestro Fiat no le hacía faltar nada de todas nuestras cosas. En cuanto
se sustrajo de nuestro Querer perdió el camino para alcanzar nuestras cosas y formó tantos
vacíos entre él y Nosotros, vacíos de amor, vacíos de belleza y de santidad, y formó un abismo
de distancia entre Dios y él. Por eso nuestro Fiat quiere regresar como fuente de vida en la
criatura, para llenar estos vacíos y hacerla regresar como pequeña recién nacida en sus brazos
y darle nuevamente su acto continuo como la creó”.
(3) Después de esto me sentía privada de mi sumo bien Jesús, y sentía tal dolor que no sé
explicarlo. Por eso después de mucho esperar, mi amada vida ha regresado y yo le he dicho: