alababan el nacimiento de su Creador, y yo veía al niño recién nacido, que arrojándose en mis
brazos todo tembloroso me ha dicho:
(2) “Qué bella fiesta me ha preparado la pequeña hija de mi Querer, cómo es bello el coro de
todas las cosas creadas que me dicen te amo y quieren que reine mi Voluntad; quien vive en
Ella todo puede darme y puede usar todas las estratagemas para volverme feliz y hacerme
sonreír aun en medio de las lágrimas, por eso Yo estaba esperándote para tener una sorpresa
tuya de amor en virtud de mi Querer Divino. Tú debes saber que mi Vida sobre la tierra no fue
otra cosa que sufrir, obrar y preparar todo lo que debía servir para el reino de mi Divina Voluntad,
que debe ser reino de felicidad y de posesión, por eso mis trabajos entonces tendrán sus plenos
frutos y se cambiarán para Mí y para las criaturas en dulzuras, en alegrías y en posesión”.
(3) Mientras esto decía ha desaparecido, pero después de poco tiempo ha regresado dentro
de una cunita de oro, vestido con una pequeña vestidura de luz, y ha agregado:
(4) “Hija mía, hoy es mi nacimiento y he venido para hacerte feliz con mi presencia, me sería
demasiado duro no hacer feliz en este día a quien vive en mi Divina Voluntad, no darle mi primer
beso y decirte te amo como correspondencia del tuyo, y estrechándote fuertemente a mi
pequeño corazón, hacerte sentir mis latidos que hacen salir fuego que quisiera quemar todo lo
que no pertenece a mi Voluntad, y tu latido haciendo eco en el mío me repite tu querido estribillo:
‘Tu Voluntad reine como en el Cielo así en la tierra’. Repítelo siempre si me quieres hacer feliz
y tranquilizar mi llanto infantil. Mira, tu amor me ha preparado la cuna de oro, y los actos en mi
Divina Voluntad me han preparado la vestidura de luz, ¿no estás contenta?”
(5) Después de esto continuaba mis actos en el Fiat Divino, me ponía en el Edén, en los
primeros actos de la creación del hombre, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha
dicho:
(6) “Hija mía, Adán, primer sol humano, investido por nuestro Querer, sus actos eran más que
rayos de sol, que alargándose y extendiéndose debían investir a toda la familia humana, en los
cuales se debían ver a todos en uno, como palpitantes en estos rayos, concentrados todos en
el centro de este primer sol humano, los cuales, todos debían tener virtud de formar su sol sin
salir del vinculo del primer sol, porque teniendo principio la vida de cada uno de este sol, cada
uno podía ser sol por sí mismo. Cómo fue bella la creación del hombre, ¡oh!, cómo superó al
universo entero, el vinculo, la unión de uno en tantos era el más grande prodigio de nuestra
Omnipotencia, que nuestra Voluntad, una en sí debía mantener la inseparabilidad de todos, la
vida comunicativa y que une de todos. Símbolo e imagen de nuestra Divinidad, que somos
inseparables, y que si bien somos Tres Divinas Personas, somos siempre uno, porque una es
la Voluntad, una es la santidad, una es nuestra potencia; por eso siempre es visto el hombre,
por Nosotros, como si fuera uno solo, a pesar de que debía tener su generación grandísima,
pero siempre concentrada en uno, era el Amor increado que venía creado por Nosotros en el
hombre y por eso debía dar de Nosotros y semejarse a Nosotros, y nuestra Voluntad única,
obrante en Nosotros, debía obrar única en el hombre para formar la unidad de todos y el vinculo
inseparable de cada uno. Por eso el hombre con sustraerse de nuestro Fiat Divino se deformó
y desordenó, y no sintió más la fuerza de la unidad e inseparabilidad, ni con su Creador ni con
todas las generaciones, se sintió como un cuerpo dividido y despedazado en sus miembros, el
cual no posee más toda la fuerza de su cuerpo entero. He aquí por qué mi Divina Voluntad
quiere entrar de nuevo como acto primero en la criatura, para reunir los miembros separados y
darles la unidad y la inseparabilidad como cuando salió de nuestras manos creadoras. Nosotros
nos encontramos en la condición de un artífice que ha hecho su bella estatua que hace quedar
admirados al Cielo y a la tierra; el escultor ama tanto esta estatua, que ha puesto su vida dentro
de ella, así que cada acto o movimiento que ella hace, el escultor siente en sí la vida, el acto, el
movimiento de su bella estatua. El escultor la ama con amor de delirio, no sabe separar su
mirada de ella, pero en tanto amor la estatua recibe un encuentro, choca y queda despedazada
en los miembros y en la parte vital que la tenía vinculada y unida con el escultor. ¿Cuál no será
1572 sig