sino la obra sin vida; supón que tú haces un trabajo, en él pones tu obra pero no tu vida dentro,
por eso quien pudiese poseer o ver aquel trabajo, poseería o vería tu obra, pero no tu vida, tal
es el obrar humano, son trabajos que hacen, no vida que ponen en sus trabajos, por lo tanto
sujetos a mancharse, a consumirse y aun a perderse; en cambio mi Voluntad es tanto el amor,
el celo que siente por lo que el alma obra en Ella, que pone en medio de la obra, como centro,
su Vida Divina, así que el alma que hace todos sus actos en Ella posee tantas Vidas Divinas por
cuantos actos hace en mi Fiat Supremo, Ella se puede llamar la bilocadora y la pobladora de la
Vida Divina en el mar interminable de mi eterno Querer. Por eso, por cuanto puedan hacer y
sacrificarse las otras criaturas, sus obras no pueden jamás agradarme si no veo correr la Vida
de mi Voluntad en ellas, porque estando sin Vida, no hay en sus obras el amor que siempre
ama, la santidad que siempre crece, la belleza que siempre se embellece, la alegría que siempre
sonríe, a lo más, su vida pudo estar en el acto de su obrar, pero en cuanto terminó la obra
terminó el ejercicio de su vida en su obra, y Yo no encontrando la continuación de su vida en su
obra, no encuentro gusto y placer, y suspiro por el alma que vive en mi Divina Voluntad, para
encontrar sus obras llenas de Vidas Divinas que siempre aman, no son obras mudas sino
hablantes, y como poseen una Voluntad Divina saben hablar tan bien de su Creador, que tomo
todos los gustos al oírlas y me entretengo con ellas con tanto amor, que me resulta imposible el
separarme, mucho más que es mi misma Vida que me ata con ellos con nudos inseparables.
¡Oh, si tú supieras el gran bien de haberte llamado a vivir en mi Voluntad, los prodigios, las
riquezas infinitas que puedes encerrar, el amor con el cual se siente llevado tu Jesús a amarte,
estarías más atenta y agradecida, y amarías que mi Fiat fuese conocido y que formase su reino
en medio a las criaturas, porque Él solo será el sembrador de la Vida Divina en la Creación”.
(3) Después seguía mi abandono en el Fiat, y mi mente se perdía al ver la interminabilidad de
Él, su luz que todo inviste, su potencia que todo hace, su sabiduría que todo ordena y dispone,
mi pobre y pequeña mente quería tomar tantas cosas de aquella luz y mar interminable, pero no
tomaba más que pocas gotitas, pero lo que es más, sin palabras humanas sino divinas, que mi
pequeña capacidad no sabe reducir en palabras; pero mientras estaba inmersa en aquel mar de
luz, mi amado Jesús haciéndose ver en aquella luz me ha dicho:
(4) “Hija mía, mi Voluntad es luz, y la prerrogativa y virtud de su luz es vaciar al alma que se
hace dominar por Ella de cualquier pasión, porque su luz se mete dentro, como centro, y con su
calor y con su luz vivificadora se deshace de cualquier peso humano y vivifica y convierte todo
en germen de luz, y forma en el alma la nueva vida sin germen de mal, toda pura y santa como
salió de nuestras manos creadoras, de modo que esta afortunada criatura no puede temer de
hacer mal a ninguno, porque la verdadera luz no hace jamás mal a nadie, sino más bien lleva a
todos el bien que contiene mi luz vivificadora, ni puede temer de recibirla, porque la verdadera
luz es intangible de recibir ni siquiera la sombra del mal, por tanto no debe hacer otra cosa que
gozarse su fortuna y expandir a todos la luz que posee”.
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24-34
Agosto 12, 1928
Quien vive en el Fiat Divino se remonta en los actos de Adán inocente
y posee la virtud universal. El Fiat es orden. La vida de quien
vive en Él es preciosa.
(1) Estaba continuando mi giro en la Creación, y ahora me detenía en un punto y ahora en
otro para poder seguir y mirar lo que Dios había hecho en la Creación, y llegando a lo que había
hecho Adán en el estado de inocencia decía entre mí: “Cómo quisiera saber hacer lo que hizo
nuestro padre en el estado de inocencia, para poder también yo amar y glorificar a mi Creador
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