decaída. Ahora, habiendo hecho todo lo que era necesario, y aun de más, tanto que Yo no tenía
ya que más hacer, hice todo y lo hice como Dios, con medios sorprendentes y con amor
invencible para reordenar a esta humanidad decaída, el hombre no puede decir que esto Jesús
no lo ha hecho para curarlo, para reordenarlo y ponerlo a salvo. Todo lo que Yo hice en mi
Humanidad no fue otra cosa que preparación y remedios que prescribía para que sanara la
familia humana, para regresar de nuevo en el orden de mi Divina Voluntad. Por lo tanto, después
de cerca de dos mil años de cuidados, es justo y decoroso para Nosotros y para el hombre, que
éste ya no esté enfermo, sino que regrese sano para entrar en el reino de nuestra Voluntad, y
por eso se necesitaban los conocimientos de Ella, para hacer que nuestra palabra creadora, que
habla y crea, habla y comunica, habla y transforma, habla y vence, habla y hace surgir nuevos
horizontes, nuevos soles por cuantos conocimientos manifiesta, de modo que formarán tantos
dulces encantos, que la criatura, sorprendida quedará conquistada e investida por la luz de mi
eterno Querer, porque no se necesita otra cosa para que venga su reino que el que las dos
voluntades se besen, que una se pierda en la otra, la mía para dar y la voluntad humana para
recibir. Por eso mi palabra creadora así como bastó para crear el universo, así será suficiente
para formar el reino de mi Fiat, pero es necesario que se conozcan las palabras que he dicho,
los conocimientos que he manifestado, para poder comunicar el bien que contiene mi palabra
creadora, por eso insisto tanto en que sean conocidos los conocimientos sobre mi Voluntad, la
finalidad por la cual los he manifestado, para poder realizar mi reino que tanto suspiro darlo a
las criaturas, y Yo arrollaré Cielo y tierra para obtener mi intento”.
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24-5
Abril 6, 1928
Cómo se puede poner el alma en la unidad Divina. Ejemplo del sol.
La repetidora del Creador. Cómo Dios da sorbo a sorbo.
Necesidad de que los conocimientos hagan su camino.
(1) Estaba pensando en el Fiat Divino para unirme a su unidad, para poder suplir a aquella
unidad de voluntad que falta entre Creador y criatura y pensaba entre mí: “¿Será que puedo
llegar a tanto, de poder penetrar en la unidad de mi Creador?” Y Jesús moviéndose en mi interior
me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que se pone en la unidad de mi Voluntad, es como si se pusiera en la
esfera del sol. Mira el sol, es uno, de la altura donde se encuentra su esfera hace un solo acto,
pero la luz que desciende hasta lo bajo abraza toda la tierra y por los efectos de su luz produce
múltiples e innumerables actos, casi a cada cosa, a cada planta, las inviste, les da su abrazo de
luz y les dice: ‘¿Qué quieres tú, la dulzura? Te la doy; y tú, ¿qué quieres, el color? Te lo doy;
y tú, ¿quieres el perfume? Te lo doy también.’ Casi a cada cosa la luz saca de sí y le da lo que
a su naturaleza le conviene para formar su vida y crecer según el orden creado por Dios. Ahora,
¿por qué todo esto? Porque aquella esfera contiene tanta luz y todos los gérmenes y efectos
de todas las cosas y plantas que hay esparcidas sobre la faz de la tierra. Ahora, símbolo de
esto es el alma que quiere vivir en la unidad de nuestro Querer, ella se eleva en la esfera del
Sol del eterno Fiat, que contiene tanta luz que no hay quien pueda huir de ella, posee todos los
gérmenes de las vidas de las criaturas, su luz va invistiendo y plasmando a todos, y ruega para
que reciban cada uno la vida, la belleza, la santidad querida por su Creador; y el alma desde
aquella esfera se hace de todos y se da a todos, y repite nuestro acto, que mientras es uno, éste
uno tiene virtud de hacer todo y de darse a todos, como si cada uno lo tuviese a su disposición