nutrió de luz y crecía en los rayos interminables del Sol eterno de mi Fiat, en cambio mi
Humanidad poseía en Sí misma la esfera del Sol Divino, su fuente que siempre surge sin
disminuir jamás, y la Soberana Reina tomaba de Mí la luz que le daba la vida y la gloria de Reina
de la luz, porque quien posee un bien se puede llamar reina de aquel bien”.
(3) Después de esto seguía a mi Fiat Divino, haciendo mi giro en Él, y habiendo llegado a la
casa de Nazaret donde mi amable Jesús había hecho su Vida oculta, para seguir sus actos,
estaba diciéndole: “Amor mío, no hay acto que Tú haces en que mi te amo no te siga, para
pedirte por medio de tus actos el reino de tu Voluntad; mi te amo te sigue dondequiera, en los
pasos que das, en las palabras que dices, en la madera que trabajas, y mientras golpeas la
madera golpeas el querer humano, a fin de que sea destruido y resurja tu Querer Divino en
medio a las criaturas; mi te amo corre en el agua que bebes, en el alimento que tomas, en el
aire que respiras, en los ríos de amor que pasan entre Tú y tu Mamá y San José, en las oraciones
que haces, en tu latido ardiente, en el sueño que tomas. ¡Ah, cómo quisiera estar cerca de Ti
para susurrarte al oído: “Te amo, te amo, haz que venga tu reino!” Ahora, mientras hubiera
querido que mi te amo hiciera corona a todos los actos de Jesús, Él se ha movido en mi interior
y me ha dicho:
(4) “Hija mía, toda mi Vida oculta, y tan larga, no fue otra cosa que el llamado del reino de mi
Voluntad Divina sobre la tierra, quise rehacer en Mí todos los actos que debían hacer las
criaturas en Ella, para después dárselos a ellos, y lo quise hacer junto con mi Mamá, la quise
siempre junto en mi Vida oculta para formar este reino. Dos personas habían destruido este
reino de mi Fiat Divino, Adán y Eva; otras dos, Yo y la Soberana Reina debíamos rehacerlo. Así
que primero pensé en el reino de mi Voluntad Divina, porque la voluntad humana había sido la
primera en ofender a la mía con sustraerse de Ella, todas las otras ofensas vinieron en segundo
grado, como consecuencia del primer acto. La voluntad humana es la vida o la muerte de las
criaturas, su felicidad o su tiranía y desventura en la cual se precipita, su ángel bueno que la
conduce al Cielo, o transformándose en demonio la precipita al infierno; todo el mal está en la
voluntad, como también todo el bien, porque ella es como fuente de vida puesta en la criatura,
que puede hacer brotar alegrías, felicidad, santidad, paz, virtud, o bien arroja de sí fuentes de
penas, de miserias, de pecados, de guerras que destruyen todos los bienes. Por eso en esta
Vida oculta de treinta años, primero pensé en el reino de mi Voluntad, y después con la pequeña
Vida pública de apenas tres años pensé en la Redención, y mientras que al formar el reino de
mi Fiat Divino tuve conmigo siempre junto a la Mamá Celestial, en la Vida pública no la tuve, al
menos su presencia corporal, porque para el reino de mi Fiat me constituía Yo Rey y a la Virgen
Reina, para ser primero Yo y después Ella el fundamento del reino destruido por la voluntad
humana. Mira entonces cómo el reino de mi Querer Divino, por necesidad, por razón y por
consecuencia era formado con mi venida sobre la tierra en primer orden, no habría podido formar
la Redención si no hubiese satisfecho a mi Padre Celestial del primer acto ofensivo que le había
hecho la criatura, así que el reino de mi Voluntad está formado, no queda otra cosa que hacerlo
conocer, y por eso no hago otra cosa que seguir junto contigo y dotarte con los actos que hice
para formarlo, acompañar tus actos para que corra en ellos el fundamento de los míos, estoy
muy atento para que tu querer no tenga vida, a fin de que el mío esté libre. En suma, estoy
haciendo contigo como con una segunda madre, llamando todos los actos hechos junto con la
Virgen para ponerlos en ti, por eso sé atenta en seguir en todo a mi Voluntad”.
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Sea todo para gloria de Dios y cumplimiento de su Santísima Voluntad.
Deo Gratias