ni tu voluntad debe tener vida, aunque te parezca de hacer un bien a las criaturas y así como mi
Mamá no quiso hacer otros milagros sino sólo aquél de dar su Jesús a las criaturas, así tú, el
milagro que quiere mi Voluntad Divina que tú hagas es el de dar mi Voluntad a las criaturas, de
hacerla conocer para hacerla reinar; con este milagro harás más que todo, pondrás al seguro la
salvación, la santidad, la nobleza de las criaturas y desterrarás también los males corporales de
ellas, causados porque no reina mi Voluntad Divina, no solo esto, sino que pondrás a salvo una
Voluntad Divina en medio a las criaturas y le restituirás toda la gloria, el honor que la ingratitud
humana le ha quitado. Por esto no he permitido que le hicieras el milagro de curarlo, pero le
has hecho el gran milagro de hacerlo conocer mi Voluntad, y ha partido de la tierra con la
posesión de Ella y ahora goza en el océano de la luz de la Divina Voluntad, y esto es más que
todo”.
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22-2
Junio 8, 1927
Para quien hace la Divina Voluntad, todos los tiempos y lugares
son los suyos, cómo toma en un puño la eternidad. Cómo Dios
no pierde nada porque es perfecto en el amar.
(1) Estaba siguiendo a la Divina Voluntad en sus actos de todo lo que había hecho en el orden
de toda la Creación, desde el principio del mundo hasta el presente; pero mientras esto hacía
pensaba para mí: “Lo que ha pasado no está en mi poder, por lo tanto me parece una pérdida
de tiempo el ir buscando lo que ha pasado”. Mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido
en mi interior diciéndome:
(2) “Hija mía, quien hace y vive en mi Voluntad, todos los tiempos y todos los lugares son los
suyos. Mi Voluntad Suprema no pierde nada de lo que hace, y con su potencia hace el acto y
lo conserva en sí íntegro y bello como lo ha hecho. Así que para quien vive en mi Supremo
Querer, encuentra en Él el orden de todos sus actos, como si en aquel instante los estuviera
haciendo, y el alma uniéndose junto con Él, hace lo que mi Querer está haciendo.
(3) Este es todo el gozo, la complacencia, la gloria de mi Querer, que mientras sus actos son
eternos, la pequeñez de la criatura que vive en Él toma la eternidad en un puño y encontrando
como en acto los actos de su Creador, los repite junto con Él, ama, glorifica la interminabilidad
de los actos de Aquél que la ha creado, formándose una competencia de obras, competencia
de amor y de gloria. Por lo tanto, a su disposición están los tiempos de la Creación, como el
lugar del Edén terrenal, tiene los tiempos de mi Encarnación, de mi Pasión, y Belén, Nazaret, el
Calvario, no están lejanos de ella; para ella no existe el pasado, la distancia, sino que todo está
presente y cercano. Es más, tú debes saber que mi Voluntad da la unidad de todo al alma, y
así como Ella mientras es una hace todo, así el alma con la unidad Divina encierra en sí, como
si fuera uno solo, los pensamientos de todos, las palabras, obras, pasos y latidos de todos, de
modo que mi Querer encuentra en ella todas las generaciones y cada uno de los actos de cada
uno como los encuentra en Sí mismo. ¡Oh! cómo se conocen los pasos de esta elegida criatura,
cómo son dulces sus pisadas, se pone en presencia de su Dios, pero no va jamás sola, sino que
lleva en sus pasos el sonido de los pasos de todos, su voz contiene las notas de todas las voces
humanas y, ¡oh! qué bella armonía forma en nuestra Voluntad, su latido desprende llamas por
cuantas criaturas han salido a la vida. ¡Oh! cómo nos felicita, nos entretenemos juntos, es
nuestro querido joyel, el reflejo de nuestras obras, la imagen de nuestra Vida. Por eso quiero
que reine mi Voluntad en la criatura, para llenarla de todos sus actos, porque cuando Ella no
reina se forma el vació de sus actos en ellas y ¡oh!, cómo es terrible el vació de una Voluntad