domina no cambia ni régimen, ni modos, y así conforme el alma obra en mi Voluntad, sus actos
salen con la multiplicidad y fecundidad de sus actos divinos. Todos los actos de Dios son actos
únicos, que abrazan todo y hacen todos los actos juntos. Mira, en la creación del hombre uno
fue nuestro acto, pero en este acto único salió de Nosotros todo junto: Santidad, potencia,
sabiduría, amor, belleza, bondad, en suma, no hubo cosa nuestra que saliera de Nosotros que
no fuera infundida en el hombre, de todo lo hicimos partícipe, porque cuando Nosotros obramos
no sabemos hacer cosas a la mitad, sino todas obras completas, y cuando damos, damos todo.
Mucho más que mi Voluntad es luz interminable, y la virtud de la luz desciende en lo más
profundo de lo bajo, se eleva a lo más alto, se extiende alrededor, no hay punto donde no llegue,
ni puede entrar en ella ni materias ni cosas extrañas a su luz, ella es intangible, su oficio es de
dar y dar siempre, sin jamás terminar de dar. Así es para el alma que vive en mi Divino Querer,
ella se vuelve luz junto con la Luz de mi Voluntad, y por lo tanto, como luz desciende a lo más
profundo de los corazones y lleva el bien de su luz, se extiende por todas partes buscando con
su luz a todos y a todo para llevar a cada uno sus efectos, la multiplicidad y variedad de los
bienes que su luz contiene; se sentiría como defraudada si no se pudiese extender a todos y por
todas partes, tanto que elevándose a lo alto y penetrando más arriba de la bóveda azul y
haciendo eco a mi misma Voluntad reinante en la Patria Celestial, Ésta y mi misma Voluntad
que reina en el alma se funden juntas, y extendiéndose sobre todos los bienaventurados forma
su lluvia y hace llover sobre todos nuevas alegrías, felicidad y nuevas beatitudes. El vivir en mi
Voluntad es admirable, es prodigio continuado, es el portador de todos los bienes, es semilla
que se multiplica al infinito, su fecundidad es inalcanzable y por eso es suspirado por la tierra y
por todo el Cielo, es la victoria de Dios sobre la criatura y la victoria del alma sobre su Creador.
Cómo es bello ver cantar la victoria al más grande, al Ente Supremo, a la Eterna Majestad y a
la pequeñez de la criatura, y en virtud de esta Voluntad Divina ponerse a competir el grande y
el pequeño, el fuerte y el débil, el rico y el pobre, y quedar los dos victoriosos. Por eso suspiro
tanto que sea conocida mi Divina Voluntad, que venga su Reino, para hacer vencer a la criatura
y ponerla como a la par Conmigo. Sin mi Voluntad reinante en la criatura esto no puede suceder,
habrá siempre distancia entre Yo y la criatura, siempre será perdedora, jamás podrá celebrar y
cantar victoria. La obra de nuestras manos no tendrá nuestra semejanza”.
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21-25
Mayo 22, 1927
Cómo en la Creación fue establecido el número de todas las cosas,
hasta de los actos humanos. Cómo Jesús encerró todo en Él.
(1) Estaba fundiéndome junto con mi dulce Jesús en su Divino Querer para multiplicar mis
pensamientos con los suyos, alineándome sobre cada pensamiento de criatura y así poder
también yo dar a mi Creador tantos actos de homenaje, de gloria, de amor, por todos los
pensamientos de cada una de las criaturas. Pero mientras esto hacía pensaba entre mí:
“¿Cómo hizo mi amado Jesús que hizo tantos actos, tantos pensamientos, tantos pasos, etc.,
por cuantos debían hacer todas las criaturas?” Y Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, así como en la Creación mi Divina Voluntad establecía el número de todas las
cosas creadas, todo fue numerado: Las estrellas, las plantas, las especies y hasta las gotas de
agua; cada cosa no puede ni perder algo de ella, ni crecer, según el orden establecido por el
Fiat Supremo, así también mi Voluntad establecía todos los actos humanos de todas las
criaturas, sólo que en virtud del libre albedrío concedido a ellas, podían hacer estos mismos
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