pueblos, y mi impotencia para poder hacer frente a la divina justicia con mis penas para hacer
que sean menos los males a los pueblos. Sentía el peso de la vida y ardientemente suspiraba
mi Patria Celestial, ya que no podía detener con mis penas el curso de tantos males. Y mi
amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿con qué crees tú que Yo hubiera hecho más: Si hubiese liberado a los pueblos
de los castigos merecidos por ellos por tantas culpas, o bien con haber hecho la Redención?
Los castigos eran penas temporales; la Redención era un bien eterno que jamás termina. Si los
hubiese liberado de los castigos no les habría abierto el Cielo, ni dado el derecho a la gloria, en
cambio con formar la Redención les abrí el Cielo y los puse en el camino hacia la Patria Celestial,
dándoles la gloria perdida. Cuando se debe hacer un bien mayor, se debe uno contentar con
hacer a un lado el bien menor, mucho más que el menor debía servir al equilibrio de la justicia,
y mi Humanidad no podía ni quería oponerse a este equilibrio divino. Además de esto los
castigos debían servir de llamada a las criaturas, de voz hablante, de centinelas para sacudirlos
del sueño de la culpa, de estímulo para ponerlos en camino, de luz para conducirlos, por tanto
también eran medios para hacerlos recibir los bienes de la Redención, y Yo no quise destruir
estas ayudas, y por eso, con todo y mi venida a la tierra, los pueblos no fueron exentados del
todo de los castigos que merecían. Ahora hija mía, tú piensas que habrías hecho más si
hubieras liberado a los pueblos de los castigos tan necesarios en estos tiempos, y viendo que
no te es dado te da fastidio la vida y quisieras venirte a la Patria Celestial; pobre hija, cómo eres
niña en el conocimiento de los verdaderos, grandes e incalculables bienes que no terminan
jamás, y de los bienes pequeños y finitos; ¿no es más grande formar el Reino de mi Divina
Voluntad para hacerlo conocer, preparar el camino para hacerlos entrar en él, la luz de sus
conocimientos para conducirlos, dar de nuevo a las criaturas la felicidad, el estado primero de
su creación, enriquecerlos con todos los bienes que contiene una Voluntad Divina? Comparado
el bien que habrías hecho si hubieras librado a los pueblos de todos los castigos, con el gran
bien del Reino del Fiat Supremo, el primero habría sido nada en comparación con éste. Así que
tú te encuentras en mis mismas condiciones, debes contentarte con formar el Reino del Querer
Divino, que es más que todo, y de los castigos debes contentarte de que en parte tengan su
curso, y mucho más que Yo te tengo en la tierra para el Reino de mi Voluntad, ésta es tu misión
especial”.
(3) Pero era tanto el terror que sentía en mí por los graves males que el bendito Jesús me
había hecho ver, que no hubiera querido encontrarme sobre esta tierra y pensaba entre mí: “Me
parece que una gran potencia enemiga me aleja la muerte y me obliga a navegar en el exilio;
muchas veces me siento como si debiera morir, no son más que unos meses atrás que me
sentía como si debiera llegar a mi celestial morada, pero qué, todo se resuelve en humo, esta
potencia enemiga me rechaza y yo quedo en la mísera cárcel de mi pobre humanidad. ¿Quién
será esta potencia que tanto me daña? ¿Quién es quien se interpone a mi felicidad? ¿Quién
me impide el paso, el vuelo, obstaculizándome el camino, y con modos tan bruscos y crueles
me hace volver atrás?” Pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior
diciéndome:
(4) “Hija mía, no te aflijas demasiado, tú te haces mucho mal y Yo sufro al verte penar así,
¿quieres saber quién es tu gran potencia enemiga? Es todo el Cielo que se interpone a tus
pasos, a tu vuelo, para hacerte venir a la Patria Celestial, tan suspirada por ti, ¿pero sabes por
qué? Porque quieren ver en ti completado el Reino de mi Voluntad, quieren ser ellos mismos,
todos los habitantes celestiales, reintegrados en el honor, en la gloria que falta en ellos, porque
no fue completa mi Voluntad en ellos mientras estaban sobre la tierra. Por eso quieren ver,
completada en ti esta mi Voluntad, para recibir ellos por medio tuyo la gloria completa de Ella.
Por eso cuando ven que tú estás a punto de emprender el vuelo, toda la potencia del Cielo se
opone, y se opone enérgicamente a tus pasos, pero debes saber que esta potencia del Cielo no
te es enemiga, sino amiga, te ama mucho y lo hace por tu bien. Debes saber hija mía que
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