(2) “Hija mía, ¿quieres tú saber por qué tengo tanto interés de hacer conocer mi Voluntad y
que reine en medio de las criaturas? Porque sólo Ella es el medio para poder rehacer a la
criatura y me pone a Mí y a ella en condiciones, Yo de poder dar y a ella de poder recibir. En
tanto que mi Querer no regrese triunfante y dominante en medio de las criaturas, Yo no podré
dar lo que quiero y en ellas faltará la capacidad, el espacio para poder recibir lo que puedo y
quiero dar, porque sólo mi Voluntad tiene esta virtud, esta potencia, que poniendo el orden, el
equilibrio entre Creador y criatura, abre todas las vías de comunicación entre ellos. Dios tiene
su vía regia para poder enviar sin peligro sus dones, para poder descender cuando quiera y
llevarle en persona los bienes más grandes, y la criatura teniendo la misma vía puede recibirlos,
o bien subir para ir a tomar ella misma lo que su Señor le quiere dar. Por cuán rico y potente
fuese un rey, si no encuentra a quién dar, no tendrá jamás el contento, la satisfacción de poder
dar, sus riquezas estarán ociosas, aisladas, abandonadas, él tal vez vivirá ahogado en sus
riquezas, pero no tendrá jamás el contento, la felicidad de dar y de hacer gozar de sus bienes a
otros, porque no encuentra a quién darlos. Este rey será un rey aislado, abandonado, sin cortejo,
no tendrá quién le sonría, quién le diga un gracias, no habrá jamás fiesta para él, porque la fiesta
se forma con dar y con recibir. Así que con todas sus riquezas este rey tendrá un clavo en el
corazón, el abandono, la monotonía; será rico pero sin gloria, sin heroísmo, sin nombre. ¿Qué
dolor para este rey con todo y sus riquezas?
(3) Ahora hija mía, la causa por la que sacamos fuera la Creación y creamos al hombre, fue
para dar nuestras riquezas, a fin de que a la gloria interna y felicidad inmensa que teníamos, se
uniera la gloria externa de nuestras obras. Por tanto no estando la criatura en nuestra Voluntad
nos la sentimos lejana, no hay quién nos circunde con su gracias, ni quién nos sonría de
complacencia por nuestras obras. Todo es aislamiento, estamos circundados por inmensas
riquezas, pero como nuestras criaturas están lejanas de Nosotros, no tenemos a quién darlas,
no tenemos quién admire nuestras obras para hacerlas gozar, somos felices, pero por Nosotros
mismos, no hay quién pueda mínimamente turbar nuestra felicidad, pero estamos obligados a
ver la infelicidad de las criaturas, porque estando separadas de Nosotros, ellas no pueden tomar
y Nosotros no podemos dar. La voluntad humana ha formado las barreras, cerró con llave las
puertas de comunicación. El dar es liberalidad, heroísmo, amor; el recibir es gracia, y la criatura
con hacer su voluntad impide nuestra liberalidad, nuestro heroísmo, nuestro amor, y si alguna
cosa se da, es siempre restringida, por vía de esfuerzos, de intrigas, porque no estando el orden
entre ellas y Nosotros, las cosas no corren libremente. Nosotros no somos capaces de dolor,
nuestro Ser es intangible de todos los males, si fuésemos capaces de dolor la criatura
envenenaría nuestra existencia. He aquí por qué todo nuestro interés, por qué queremos hacer
conocer nuestra Voluntad y que reine en medio de ellas, porque queremos dar, queremos verlas
felices de nuestra misma felicidad, y sólo nuestra Voluntad puede hacer todo esto, realizar la
finalidad de la Creación y hacernos poner en común nuestros bienes”.
(4) ¡Oh! Voluntad de Dios, cómo eres admirable, potente y deseable. ¡Ah! con tu imperio
vence a todos, hazte conocer y ríndenos todos a Ti.
Deo Gratias.
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