Voluntad no se ha retirado, no hay punto donde no se extienda su Vida Divina, no hay criatura
que no esté investida por esta Voluntad Suprema, y mientras se extiende dondequiera e inviste
todo y a todos, no puede formar su Vida, ¡cuántas Vidas Divinas sofocadas en las criaturas,
cuántos le niegan el primer puesto en sus actos, cuántos la posponen por actos indignos y viles,
negándole su dominio! ¿Y te parece poco la destrucción de tantas Vidas Divinas de esta
Voluntad mía en las criaturas? ¿De tantos actos suyos nobles y sublimes que se siente destruir
mientras se sirven de Ella para formar vidas humanas, vidas deplorables, monstruos que
servirán para el infierno? ¿Te parece poco hija mía? El perjuicio que recibe nuestra gloria por
causa de la Creación es grande e incalculable, que ni siquiera todo el bien de la Redención nos
ha podido rehacer, porque con la misma Redención el hombre no ha regresado a la unidad de
nuestra Voluntad, ni Ella reina completamente en las criaturas; cuántas vidas que se dicen
buenas, santas, mezcladas de Voluntad Divina y humana, por eso nuestra gloria en la Creación
no está completa, sólo estará completa cuando las cosas creadas por Nosotros sirvan a nuestra
misma Voluntad y a aquellos que le darán el primer puesto de honor, la reconocerán en todas
las cosas y haciéndola reinar en todos sus actos la constituyan Reina absoluta y Rey dominante.
¿No te parece justo y de derecho que siendo todo de mi Voluntad y encontrándose por todas
partes y por todos como vida primaria de todo, que todos la reconozcan y todos se vuelvan
Voluntad Divina, perteneciendo todos a Ella? Supón un rey que tuviese su reino, todas las
tierras, las villas, las ciudades, son exclusivamente propiedades suyas, no hay cosa que a él no
pertenezca, no sólo como derecho de que el reino es suyo, sino también como derecho de
propiedad de que pertenecen a él. Ahora, este rey por bondad de ánimo que posee quiere ver
a su pueblo feliz y distribuye gratuitamente sus propiedades, sus villas, sus tierras, dándoles
hasta sus ciudades para que habiten en ellas, de modo que todos pueden ser ricos
abundantemente, cada uno en sus condiciones, y todo este gran bien que hace a su pueblo es
con la única finalidad de que lo reconozcan por su rey, dándole todos absoluto dominio, y que
reconozcan que las tierras ocupadas por ellos les han sido dadas gratuitamente por el rey, a fin
de que sea glorificado, reconocido y amado por el bien que les ha hecho. Ahora, este pueblo
ingrato no lo reconoce por su rey, y las tierras que poseen se toman el derecho de propiedad,
desconociendo que fueron dones hechos por el rey, ¿no vendría entonces este rey a ser
defraudado en su gloria por todo el bien que ha hecho a su pueblo? Y si agregas que se sirven
de las tierras del rey sin darle utilidad: Quién no la trabaja, quién quita las más bellas
plantaciones, quién deja secar sus bellos jardines, de modo que se procuran su infelicidad y
miseria, todo esto se agregaría al perjuicio de la gloria del rey, al deshonor y daría un dolor que
nadie podría mitigar. Esto no es más que una sombra apenas de lo que ha hecho y hace todavía
mi Suprema Voluntad, ninguno nos ha dado ni un céntimo porque recibe el bien del sol, del mar,
de la tierra, sino que todo les damos gratuitamente y sólo para hacerlos felices y que reconozcan
a mi Fiat Supremo que los ama tanto y no quiere más que amor y dominio. Ahora, ¿quién podría
rehacer a ese rey del perjuicio de la gloria que no le ha dado su pueblo y mitigar su intenso
dolor? Supón también que uno de este mismo pueblo, invistiéndose del justo dolor de su rey y
queriéndolo rehacer de su gloria, empieza él, como primero, a poner bella la tierra que ocupa,
de modo de hacerla el más bello y florido jardín del reino, después dice a todos que su jardín es
un don que le ha hecho el rey porque lo ama, después llama al rey a su jardín y le dice: ‘Estos
son dominios tuyos, es justo que estén todos a tu disposición’. El rey goza de esta lealtad y
dice: ‘Quiero que seas rey junto conmigo, que reinemos juntos’. !Oh! cómo se siente reintegrar
la gloria, mitigar el dolor por este tal de su pueblo; pero este hombre no se detiene, recorre todos
los caminos del reino y sacudiendo a todos con su palabra llama a un buen número de personas
a que lo imiten, y forma el pueblo leal que da el derecho de dominio a su rey. Y el rey se siente
rehecho en su gloria y por premio les da el título de hijos suyos y les dice: ‘Mi reino es vuestro,
reinad hijos míos’. Esta es mi finalidad, que en mi Reino no haya siervos, sino hijos y reyes al
igual que Yo. Así será de mi Divina Voluntad. ¡Oh! cómo espera que le sea dada su gloria