sobre este ser para hacerlo llegar a ser sol, y esto a pesar de que no negaría a los demás seres
su luz y sus efectos, porque es de la naturaleza de la luz que dondequiera que se encuentre se
expande y hace el bien a todos; pero sol se volvería el ser afortunado que recibiera todos los
reflejos y todos los bienes juntos que el sol contiene. ¿Qué gloria, qué contento no recibiría el
sol al poder formar otro sol? Toda la tierra, por tantos siglos, jamás le ha ofrecido tanta gloria,
tanto amor, con recibir sus tantos efectos como este único ser que se ha cambiado en sol. El
alma con vivir en nuestro Fiat no hace otra cosa que imitar a su Creador y el Sol Eterno concentra
sobre de ella todos sus reflejos, de modo de llegar a ser el pequeño sol a semejanza del Sol
Divino. ¿No fue propiamente esta nuestra finalidad y nuestro dicho: ‘Hagamos al hombre a
nuestra imagen y semejanza’? Hacerlo sin que nos debiese semejar y no debiese llevar en él
la imagen de Aquél que lo había creado, no era ni decoroso ni digno de una obra de nuestras
manos, ni hubiera sido potencia de aquel soplo regenerador que salió de nuestro seno, el
generar un ser desemejante de Nosotros. ¿Qué se diría de una madre que generase no un niño
que tuviese ojos, boca, manos, pies y todos los miembros semejante a ella, a lo más un poco
más pequeño en todos los miembros, pero sin faltarle nada de todos los órganos de la madre,
sino que generase una planta, un pájaro, una piedra, cosas desemejantes de ella? Sería
increíble, cosas contra natura e indignas de una madre, porque no habría sabido infundir en su
parto su imagen y todos sus miembros. Ahora, si todas las cosas si generan, forman cosas
similares a ellas, mucho más Dios, primer generador, formando a las criaturas era honor y gloria
suya formarlas semejantes a Sí. Por eso hija mía, tu vuelo en mi Querer sea continuo a fin de
que concentre sus rayos sobre ti, y dardeándote forme de ti su pequeño sol”.
(4) Después de esto me sentía como cansada y no me podía decidir a escribir lo que mi
adorado Jesús me había dicho, y Jesús sorprendiéndome para darme voluntad y fuerza de
hacerlo me ha dicho:
(5) “Hija mía, no sabes tú que estos nuestros escritos salen del fondo de mi corazón, y Yo
hago correr en ellos la ternura de él para enternecer a aquellos que los leerán, la firmeza de mi
hablar divino para reforzarlos en las verdades de mi Voluntad. En todos los dichos, verdades,
ejemplos que te hago escribir en el papel, hago correr la dignidad de mi sabiduría celestial, de
modo que aquellos que los leen o leerán, si están en gracia, sentirán en ellos mi ternura, la
solidez de mi hablar y la luz de mi sabiduría que, como entre imanes quedarán atrapados en el
conocimiento de mi Voluntad. Quienes no estén en gracia, no podrán negar que es luz, y la luz
hace siempre bien, jamás hace mal, ilumina, calienta, hace descubrir las cosas más escondidas
y mueve a amarlas, ¿quién puede decir que no recibe bien del sol? Ninguno. En estos escritos
estoy poniendo más que un sol salido de mi corazón, a fin de que hagan bien a todos, por eso
tengo tanto interés que tú escribas, por el gran bien que quiero hacer a la familia humana, tanto
que los miro como escritos míos, porque siempre soy Yo quien dicta y tú la pequeña secretaria
de la larga historia de mi Voluntad”.
(6) Luego estaba siguiendo en el Querer Divino todo lo que mi dulce Jesús había hecho
estando en la tierra, en su Humanidad, y pedía en cada uno de sus actos que su Fiat sea
conocido y que triunfante venga a reinar en medio de las criaturas, y mi sumo y único Bien,
moviéndose en mi interior me ha dicho:
(7) “Hija mía, así como toda la Creación es velo que esconde mi Voluntad, así mi Humanidad
y todas mis obras, lágrimas y penas son tantos velos que esconden a mi Fiat Supremo, Él
reinaba en mis actos, triunfante, dominante y ponía los fundamentos para venir a reinar en los
actos humanos de las criaturas; ¿pero sabes tú quién rompe estos velos para hacerlo salir y
dominar en el propio corazón? Quien lo reconoce en cada acto mío y lo invita a salir, éste rompe
el velo de mis obras, entra dentro, reconoce a la noble Reina y le pide, la apura a no estar más
escondida, y abriéndole el corazón la invita a entrar; rompe el velo de mis lágrimas, de mi sangre,
de mis penas, el velo de los Sacramentos, el velo de mi Humanidad, y ofreciéndole su sujeción
le ruega que no esté más velada, sino que se haga conocer Reina como es para tomar su