Creación debía servir de paraíso terrenal a la familia humana, y por lo tanto debía ser el eco de
las bienaventuranzas y felicidades del Cielo; si no hubiera contenido las alegrías y contentos de
la Patria Celestial, ¿cómo podía formar la felicidad de la patria terrenal? Mucho más que una
era la Voluntad, tanto la que beatificaba el Empíreo como la que debía hacer feliz la tierra. Ahora,
¿quieres saber qué cosa hace mi Voluntad en el cielo, en aquel azul que se ve siempre firme y
extendido sobre la cabeza de todos y no hay punto en que no se vea el cielo, de noche y de día
está siempre en su puesto? Mira, nuestra Voluntad tiene esparcida nuestra eternidad, nuestra
firmeza que jamás se cambia, está siempre en su equilibrio perfecto, que por ninguna
circunstancia se cambia jamás, y mientras ama glorifica nuestra eternidad, nuestro Ser
inmutable, hace feliz a la tierra y dice al hombre: ‘Mira, toma por modelo el cielo que está
siempre extendido sobre tu cabeza, sé siempre firme en el bien como lo soy Yo, siempre
extendida aquí para protegerte, a fin de que también tú como segundo cielo que está poblado
de estrellas, que a tu ojo te parecen tan unidas al cielo que se puede decir que las estrellas son
hijas del cielo, así también tú si eres firme en el bien, el cielo de tu alma será poblado de estrellas,
como tantos partos e hijas tuyas’. Así que haciendo tu giro en la Creación, cuando llegues al
cielo, también tú, unida con nuestra Voluntad ames y glorifiques nuestra eternidad, nuestro Ser
inmóvil que jamás se cambia, y pídele que haga firmes a las criaturas en el bien, a fin de que
sean el reflejo del cielo y gocen la felicidad que lleva un bien continuado y jamás interrumpido”.
(3) Después siguiendo tu giro en el espacio de la Creación llegarás al sol, astro del cielo más
cercano a la tierra, para llevar a las criaturas la fuente de la felicidad terrenal y las similitudes de
las bienaventuranzas y gustos de la felicidad de la Patria Celestial. ¿Quieres tú entonces saber
qué hace mi Voluntad en el sol? Glorifica nuestra luz interminable, nuestros gustos
innumerables, ama y glorifica la infinitud de nuestras dulzuras, las indescriptibles tintas de
nuestras bellezas, y con su calor hace eco a nuestro inmenso amor. ¡Oh! cómo nos exalta el
sol, ama y glorifica nuestro Ser Divino, y así como nuestra Divinidad develada beatifica con actos
siempre nuevos toda la Patria Celestial, así el sol, eco fiel de su Creador, portador celeste de la
Majestad Suprema, velada por su luz, en la cual mi Voluntad domina y reina, lleva a la tierra la
felicidad terrenal, lleva su luz y su calor, lleva la dulzura y los gustos casi innumerables a las
plantas, a las hierbas, a los frutos, lleva el color y el perfume a las flores y tantas variadas tintas
de belleza que hacen feliz y embellecen toda la naturaleza. ¡Oh! cómo ofrece el sol, más bien
mi Voluntad en el sol, por medio de las plantas, de los frutos, de las flores, a las generaciones
humanas la verdadera felicidad terrenal, y si no la gozan plenamente, es porque se han
separado de aquella Voluntad que reina en el sol y la voluntad humana poniéndose en contra
de la Divina destruye su felicidad. Y mi Voluntad velada en la luz del sol dice al hombre desde
la altura de su esfera, mientras ama y alaba nuestras cualidades divinas: ‘Sé siempre luz como
lo soy Yo en todo lo que tú haces, a fin de que la luz te convierta todo en calor y llegues a ser
como una sola llama de amor para tu Creador. Mírame, con ser Yo siempre luz y calor poseo
la dulzura, tan es verdad que la comunico a las plantas, y de las plantas a ti; también tú, si eres
siempre luz y calor poseerás la dulzura divina, no tendrás más hiel e ira en tu ánimo, poseerás
los gustos y las varias tintas de las bellezas del Ser Supremo, serás sol al igual que Yo, mucho
más que Dios me ha hecho para ti, y tú has sido hecho para Él, por lo tanto es justo que seas
más sol que yo’. Ve hija mía cuántas cosas tienes que hacer unida con mi Voluntad en esa
esfera del sol, tienes que alabar, amar y glorificar nuestra luz, nuestro amor, nuestras infinitas
dulzuras, nuestros gustos innumerables y nuestra belleza incomprensible, y tienes que
conseguir a las criaturas todas las cualidades divinas que contiene el sol, a fin de que mi
Voluntad encontrando las cualidades divinas, en medio de ellas venga a reinar develadamente
con su pleno triunfo en medio de las generaciones humanas. Y ahora hija mía, descendamos a
la parte baja de la tierra, pongámonos en el mar donde están acumuladas masas de aguas
cristalinas, símbolo de la pureza divina, estas aguas caminan siempre, no se detienen jamás,
no tienen voz y murmuran, no tienen vida y son fuertes, de modo que forman tan altas sus olas