dominante en él, en todo el esplendor de su majestad, pero mientras te hago compañía en el
sol, te ruego que tu Fiat Eterno sea conocido, y así como reina triunfante en el sol, venga a reinar
triunfante en medio de las criaturas; mira, también el sol te ruega, toda su luz se convierte en
oración y a medida que se extiende sobre la tierra e inviste con su luz plantas y flores, montes
y llanuras, mares y ríos, así ruega que tu Fiat sea uno sobre la tierra y que se armonice con
todas las criaturas. Así que no soy yo sola quien te lo pide, sino que es la Potencia de tu misma
Voluntad que reina en el sol la que ruega, ruega la luz, ruegan sus innumerables efectos, los
bienes, los colores que contiene, todos ruegan que tu Fiat reine sobre todos. ¿Puedes Tú resistir
a una masa de luz tan grande que ruega con la Potencia de tu mismo Querer? Y yo, pequeña
cual soy, mientras te hago compañía en este sol, bendigo, adoro, glorifico tu Voluntad adorable,
con la magnificencia y gloria con las que tu misma Voluntad se glorifica en sus obras. ¿Así que
sólo en las criaturas tu Voluntad no debe encontrar la perfecta gloria de sus obras? Por eso
venga, venga tu Fiat”. Pero mientras esto hago, oigo que toda la luz del sol ruega que venga el
Fiat Eterno, esto es, su misma adorable Voluntad que invistiendo la luz ruega, y yo dejándola en
su acto de rogar paso a las otras cosas creadas para hacer mi pequeña visita, para hacer un
poco de compañía a la adorable Voluntad en cada acto suyo que ejercita en cada cosa creada.
Por eso paso en el cielo, en las estrellas, en el mar, a fin de que el cielo ruegue, las estrellas
rueguen, el mar con su murmullo ruegue que el Fiat Supremo sea conocido y reine triunfante
sobre todas las criaturas como reina en ellos. Entonces, después de haber girado sobre todas
las cosas creadas para hacer compañía al Fiat Divino y pedir en cada cosa que venga a reinar
sobre la tierra, cómo es bello ver, oír que toda la Creación ruega que venga su reino en medio
de las criaturas, después desciendo en todo lo que hizo mi Jesús en la Redención, en sus
lágrimas, en sus gemidos infantiles, en sus obras, pasos y palabras, en sus penas, en sus llagas,
en su sangre, hasta en su muerte, a fin de que sus lágrimas rueguen que venga su Fiat; sus
gemidos y todo lo que hizo supliquen todos en coro que su Fiat sea conocido y que su misma
muerte haga resurgir la Vida de su Voluntad Divina en las criaturas. Mientras esto y más hacía,
pero me alargaría demasiado si quisiera decirlo todo, mi dulce Jesús estrechándome a Sí me
ha dicho:
(2) “Pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que mi Voluntad se quedó reinante en toda la
Creación para dar el campo a las criaturas de hacerle tantas visitas por cuantas cosas creó,
quería la compañía de la criatura en el mudo lenguaje de todo el universo. Cómo es duro el
aislamiento de esta Voluntad tan santa, que quiere santificar y no encuentra a quién participar
su Santidad; tan rica que quiere dar, y no encuentra a quién dar; tan bella, y no encuentra a
quién embellecer; tan feliz, y no encuentra a quién hacer feliz. Poder dar, querer dar y no tener
a quién dar es siempre un dolor y una pena inenarrable, y para su mayor dolor ser dejada sola.
Entonces al ver entrar a la criatura en el campo de la Creación para hacerle compañía, se siente
felicitar y cumplirse la finalidad por la que se dejó reinante en cada cosa creada, pero lo que la
vuelve más feliz, más glorificada, es que tú en cuanto llegas a cada cosa creada le pides que su
Fiat sea conocido y reine sobre todo, y mueves a mi misma Voluntad en el sol, en el cielo, en el
mar, en todo, a rogar que venga el reino de mi Querer, porque estando en ti mi Fiat se puede
decir que es Ella misma que ruega y que mueve todas mis obras, hasta mis lágrimas y suspiros
para que venga el Reino de mi Voluntad. Tú no puedes entender qué contento me das, qué
impresión es a mi corazón y a mi misma Voluntad oír a todas nuestras obras que piden, que
quieren nuestro Fiat. Ve entonces mi contento porque no te veo pedir nada para ti, ni gloria, ni
amor, ni gracias, y viendo tu pequeñez, por la cual no puedes obtener un Reino tan grande, giras
en todas mis obras, por todas partes donde se encuentra un acto de mi Voluntad haciendo su
oficio, y haces decir a mi mismo Fiat: ‘Venga tu Reino, ¡ah! haz que sea conocido, amado y
poseído por las generaciones humanas’. Una Voluntad Divina que ruega junto con nuestras
obras, junto con su pequeña hija, es el más grande portento, es una potencia a la par de la
nuestra que ruega, y el no escucharla favorablemente nos resulta imposible. ¡Cómo es santo,