(5) Después de esto, yo continuaba estando en los brazos de Nuestro Señor y me encontraba
despojada de todo; mientras estaba en esto, veía al confesor presente y Jesús me ha dicho,
pero me parecía que quería hacer una broma para ver qué cosa decía yo:
(6) “Hija mía, tú te has despojado de todo, y tú sabes que cuando uno se despoja se necesita
otra persona que piense en vestirlo, en alimentarlo y que le dé un lugar donde vivir. Tú, ¿dónde
quieres estar, en los brazos del confesor o en los míos?”
(7) Y mientras decía esto, hacía el intento de ponerme en los brazos del confesor. Yo he
comenzado a insistir que no quería ir, y Él que sí quería. Después de un poco de disputa me ha
dicho:
(8) “No temas, te tengo en mis brazos”.
(9) Y así hemos quedado en paz.
+ + + +
2-90
Octubre 30, 1899
Amenaza de castigos. No se conforma a la Justicia.
(1) Esta mañana mi benigno Jesús ha venido todo afligido, y las primeras palabras que me ha
dicho han sido:
(2) “¡Pobre Roma, cómo serás destruida! ¡Al verte Yo te compadezco!”
(3) Y lo decía con tal ternura que daba compasión; pero no he entendido si serán sólo las
personas o también los edificios. Yo, como tenía la obediencia de no conformarme a la justicia,
sino de rezar, por eso le he dicho: “Mi amado Jesús, cuando se habla de castigos no se necesita
oponerse más, sino solamente rezar”. Y así he comenzado a rezar, a besar sus llagas y a hacer
actos de reparación. Y mientras esto hacía, Él de vez en cuando me decía:
(4) “Hija mía, no me hagas violencia, haciendo esto tú quieres forzarme, por eso estate quieta”.
(5) Y yo: “Señor, es la obediencia que así lo quiere, no soy yo la que lo quiero”.
(6) Él ha agregado: “El río de la iniquidad es tanto, que llega a impedir la redención de las
almas, y sólo la oración y mis llagas impiden que este río impetuoso las arrastre a todas en él”.
+ + + +
Deo Gratias.
Canonico Annibale
M. Di Francia
Eccl.
Nihil obstat
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926