amarguras, sino que todo es alegría; no hay cosas forzadas, sino todo es espontaneidad, como
si la criatura quisiera hacer lo que Dios quiere, como si lo quisiera hacer ella misma”.
(5) Yo he quedado espantada al oír esto de mi dulce Jesús, y comprendía el gran mal que es
hacer la propia voluntad y le pedía de corazón que me diera tanta gracia para no hacerme caer
en un mal tan grave. Pero mientras esto hacía, mi amado Bien ha regresado, pero se hacía ver
con sus miembros casi todos dislocados, que le daban un dolor indecible y arrojándose en mis
brazos me ha dicho:
(6) “Hija mía, estos miembros dislocados que me dan tanto dolor, son todas las almas que no
hacen mi Voluntad, Yo con venir a la tierra me constituí cabeza de la familia humana y ellas son
mis miembros, pero estos miembros venían formados, anudados nuevamente, vinculados, por
medio de los humores vitales de mi Voluntad, conforme Ella corre en ellos, así vienen puestos
en comunicación con mi cuerpo y quedan reafirmados cada uno en su puesto. Mi Voluntad
como médico piadoso, no sólo hace correr sus humores vitales y divinos para formar la
circulación necesaria entre la cabeza y los miembros, sino que les forma su perfecto vendaje
para hacer que queden atados y firmes los miembros bajo su cabeza. Ahora, faltando mi
Voluntad en ellos, falta quién ponga el calor, la sangre, la fuerza, el mando de la cabeza para
volver obrantes los miembros; falta quién los vende si están dislocados; falta todo, se puede
decir que todas las comunicaciones entre los miembros y la cabeza están rotas, y están en mi
cuerpo para darme dolor. Es sólo mi Voluntad la que pone de acuerdo y en comunicación al
Creador y a la criatura, al Redentor y a los redimidos, al Santificador y a los santificados, sin
Ella, la Creación, la Redención, son como si fueran nada para ellos, porque falta quién haga
correr la vida y los bienes que contienen. Los mismos Sacramentos les servirán de condena,
porque faltando mi Voluntad en ellos falta quién rompa el velo de los Sacramentos para darles
el fruto y la vida que contienen. Por eso mi Voluntad es todo, sin Ella nuestras obras más bellas,
nuestros prodigios más grandes, quedan extraños a las pobres criaturas, porque Ella sola es la
depositaria de todas nuestras obras, y por lo tanto sólo por medio suyo son dadas a luz a las
criaturas. ¡Oh! si todos supieran qué significa hacer o no hacer mi Voluntad, todos se pondrían
de acuerdo con Ella para recibir todos los bienes posibles e imaginables, y la transmisión de la
misma Vida Divina”.
(7) Después de esto estaba haciendo mis acostumbrados actos en el Supremo Querer, y
como casi era el alba del día estaba diciendo: “Jesús mío, amor mío, es ya el principio del día,
y yo en tu Querer quiero girar por todas las criaturas, a fin de que resurgiendo de su sueño
resurjan todas en tu Voluntad, para darte la adoración de todas las inteligencias, el amor de
todos los corazones, el resurgimiento de todas sus obras y de todo su ser en la luz que este día
hará resplandecer en todas las generaciones”. Mientras esto y otras cosas decía, mi dulce Jesús
se ha movido en mi interior y me ha dicho:
(8) “Hija mía, en mi Voluntad no hay días ni noches, ni albas ni ocasos, sino que uno es su
día, siempre en la plenitud de su luz, y quien vive en Ella puede decir: ‘Para mí no hay noches,
sino siempre es día, por eso uno es mi día’. Y conforme obra para cumplir mi Voluntad y para
desenvolver su vida en Ella, forma otras tantas luces fulgidísimas en el día de su vida, que
vuelven más glorioso, más bello, el día de mi Querer donde ella vive. ¿Sabes tú para quién
viene formado el día y la noche, el alba y el ocaso? Para quien ahora hace mi Voluntad y ahora
la suya: Si hace la mía forma el día, si hace la suya forma la noche, quien vive del todo en Ella
forma la plenitud del día, quien no vive del todo, sino que sólo con esfuerzo hace mi Voluntad,
forma el alba; quien se lamenta de lo que Ella dispone y quiere sustraerse, forma el ocaso; y
para quien de hecho no hace mi Voluntad, es siempre noche perenne, principio de aquella noche
eterna del infierno que no tendrá jamás fin”.
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